La presidencia de Christine Lagarde en el Banco Central Europeo se encuentra en el centro de una tormenta política que podría redefinir el futuro de la política monetaria europea. Con su mandato programado para finalizar en octubre del próximo año, las tensiones han escalado después de que esta semana el Financial Times sugiriera que Lagarde podría abandonar el cargo antes de la fecha prevista para facilitar que el canciller de Alemania y el actual presidente francés, Emmanuel Macron, asignen a un candidato.
Según Gonzalo Cañete, jefe estratega de mercado global de Atfx, en Francia, estas maniobras responden al temor de que Marine Le Pen pueda ganar las elecciones francesas de 2027, calificando la situación como "un intervencionismo político".
Las diferencias en política monetaria entre Francia y Alemania son evidentes. "Tradicionalmente, Alemania ha sido más conservadora, mientras que Francia ha sido más intervencionista", señala Cañete. Una Francia bajo la influencia de Le Pen podría apostar por medidas como "poner un arancel de 30% a productos chinos para combatir la caída de exportaciones de Europa o bien rebajar el euro un 30% para poder competir con el mercado internacional".
Diego Barnuevo, analista de Ebury, participó en el sondeo que identificó las voces más sonadas para sustituir a Lagarde: Pablo Hernández de Cos. Incluso el actual vicepresidente del organismo, Luis de Guindos, ha salido en su apoyo, asegurando que fue "muy buen gobernador del Banco de España".
¿De verdad podría verse tan influido el BCE como para perder su independencia?
En opinión de Michael Field, estratega jefe de mercados europeos de Morningstar, no. La diferencia con la Reserva Federal es sencilla: Mientras que en EE.UU. sólo el presidente, con el consentimiento del Senado, nombra a los miembros de la Fed, en Europa, los miembros del BCE son elegidos por el Consejo Europeo, que está formado principalmente por jefes de Estado, por lo que el poder está más repartido. Además, los miembros sólo pueden ser destituidos por “incapacidad o falta grave”, un listón muy alto.
Claro que otra cosa muy diferente sería que fuera la propia Lagarde quien decidiera marcharse por decisión propia. Hay que tener en cuenta otros dos movimientos en el tablero: el de las vacantes que se quedan libres del economista jefe del organismo Philip Lane, en mayo, y la de Isabel Scnabel, miembro del comité ejecutivo.
