La economía mundial vive momentos de cambios e incertidumbres. Los extraordinarios acontecimientos ocurridos durante los últimos cinco años han cambiado notablemente las condiciones del tablero. Resultados electorales impredecibles, una pandemia global o un conflicto bélico en Europa y todo ello en menos de un lustro. Son situaciones inesperadas y que han dado como resultado un alto índice de volatilidad del mercado financiero. ¿Riesgo u oportunidad? Los inversores, que están atentos a todo lo qué sucede en el mundo y a su posible incidencia en la economía, se enfrentan a un contexto diferente, pero que deja algunas predicciones bastante certeras de cara a los próximos años.

La transformación en la cadena de producción ha tenido como consecuencia una subida generalizada de los precios. La escasez de algunos materiales y de las energías, cuya distribución se ha visto notablemente afectada por la situación en Ucrania, ha significado un encarecimiento de los costes de producción en prácticamente todos los países. China, el gran productor del planeta, quiere cada vez más por su producto y esto ha supuesto un traslado de parte de la fabricación a otros países más pobres y que necesitan imperiosamente esta cuota de protagonismo.

La moderación de hace varios años ha dado paso a una etapa de gran transformación, de la que todavía se desconocen sus consecuencias finales. Sí que hay algunos síntomas detectables, como un auge de la inflación y una mayor volatilidad de los mercados. Todo ello bajo el continuo flujo de los avances tecnológicos y las mejoras en las telecomunicaciones que están aumentando las posibilidades de producción en las empresas, especialmente en Europa, Estados Unidos y los países punteros de Asia y Oceanía. La previsión, a medio y largo plazo, es de un repunte del crecimiento, una visión que llama la atención de los inversores más atrevidos.



Control del riesgo

La volatilidad de los mercados a nivel mundial supone un mayor riesgo en las inversiones, pues la incertidumbre generada con respecto al futuro aumenta esta condición. Cada tipo de inversión se ajusta a unos parámetros, pues mientras que los bonos del Estado tienen una volatilidad baja, y por lo tanto un menor riesgo, hay otros activos como las acciones en Bolsa cuyas posibilidades de cambio son más altas, lo que significa un aumento de los riesgos.

La escala de la volatilidad puede indicar la conveniencia o no de realizar una inversión. Un experto en asuntos financieros puede indicar si el índice es bajo, cuando el nivel no supera el ocho por ciento. En ese caso, el riesgo es mínimo, ya que se trata de un producto muy estable. El activo financiero es considerado volátil si su volatilidad está entre el ocho y el quince por ciento; y muy volátil cuando supera este porcentaje. En este último caso, el riesgo es alto.

Controlar la volatilidad de un producto es el gran reto que se marca cualquier inversor que está dispuesto a dar un paso hacia adelante. Estudiar el mercado y el contexto social adquiere cada vez una mayor importancia, pues las decisiones de los actores políticos y cómo pueden afectar al escenario económico adquieren ahora un protagonismo especial. La posición de los grandes conglomerados empresariales ante este momento de cambio es otro factor de alteración que merece la pena ser revisado.