Hay algo fascinante en los mercados. A veces no castiga los errores…castiga el cambio. Y eso es exactamente lo que acaba de ocurrir con Ferrari. La compañía italiana ha presentado Luce, su primer coche 100% eléctrico, y la reacción del mercado ha sido inmediata con las acciones desplomándose hasta un 7%.

El Foco | Ferrari y su coche eléctrico se desploma en bolsa

¿Por qué tampoco han funcionado las reestructuraciones de otras empresas?

Este modelo, muy esperado, supone un cambio con respecto a la estética típica de los Ferrari y llega justo cuando otros fabricantes de automóviles de lujo, en particular Porsche y Lamborghini, han reducido sus planes para lanzar sus propios vehículos eléctricos debido a la escasa demanda.

Tesla, Meta y Google: tres fracasos estrepitosos

El mercado, eso sí, ya ha visto esta película antes. Y es que el caso recuerda inevitablemente al Tesla y su Cybertruck. Cuando Elon Musk lo presentó, parecía el vehículo del futuro: diseño radical, acero inoxidable, estética cyberpunk y promesas de revolucionar la industria. La expectación fue gigantesca, pero la realidad terminó siendo bastante menos épica.

Las ventas del Cybertruck se desplomaron durante 2025 y Tesla acabó muy lejos de los objetivos que Musk había prometido. Algunos análisis cifran la caída anual de ventas cerca del 50%, pasando de unas 39.000 unidades en 2024 a apenas unas 20.000 en 2025.

En el ámbito tecnológico encontramos también varios ejemplos, como el caso del Metaverso de Facebook. En 2021, Mark Zuckerberg decidió apostar el futuro de Facebook. La empresa incluso cambió su nombre corporativo a Meta para demostrar que aquello no era un experimento: era una transformación total.

Miles de millones invertidos. Un cambio estratégico histórico. Y, sin embargo, el mercado nunca terminó de comprar la idea. De hecho, hace apenas dos meses, Zuckerberg enterró oficialmente su gran fantasía y anunció que bajará la persiana y dará cerrojazo a Horizon Worlds, su mundo de realidad virtual.

Cerrará permanentemente el soporte de este mundo virtual para sus propias gafas Quest el próximo 15 de junio de 2026. El Metaverso pasó de ser “el futuro de internet” a convertirse en uno de los ejemplos más claros de hype tecnológico de la década.

Precisamente, hablando de gafas otro gran fracaso fueron las Google Glass. Sobre el papel eran revolucionarias: gafas inteligentes con realidad aumentada cuando nadie hablaba todavía de IA generativa. Pero en la práctica, generaron rechazo inmediato.

El precio no ayudó, ya que en su lanzamiento para pioneros, el dispositivo costaba 1.500 dólares. La sentencia, aun así, fueron las críticas por privacidad. Mucha gente veía aquellas gafas como una cámara permanente apuntando al resto del mundo y el producto terminó convirtiéndose más en un símbolo de incomodidad social que de innovación tecnológica.

Pero....no siempre sale mal

Eso sí, no siempre sale mal a largo plazo. Hoy parece obvio, pero en 2011 el mercado castigó brutalmente al gigante Netflix cuando separó el negocio de DVDs y apostó totalmente por streaming. Perdió cerca del 75% de su valor en meses. Los inversores pensaban que destruiría un negocio rentable demasiado pronto y además subió precios y comunicó fatal el cambio, según apuntan los expertos.

Años después, sin embargo, encontramos a Netflix como una de las plataformas de streaming más poderosas del mercado, con una capitalización de nada menos que 370 mil millones de dólares.

Y otro ejemplo es el caso de Intel, una de las empresas del momento, y que intenta, cómo no, reinventarse como fabricante global. Cuando Intel decidió invertir miles de millones para volver a competir en la fabricación de chips frente a Taiwan Semiconductor, Wall Street reaccionó con escepticismo. El enorme gasto en capital disparó los costes, los márgenes empezaron a deteriorarse y muchos inversores creían que la compañía llegaba demasiado tarde a la batalla.

Sin embargo, el tablero geopolítico ha cambiado con un Estados Unidos que ha decidido convertir la producción nacional de chips en una prioridad estratégica y ha apoyado a Intel dentro de los programas de inversión industrial con el objetivo de competir con los gigantes tecnológicos. Casi 9.000 millones de dólares ha invertido el Gobierno de Trump para adquirir aproximadamente un 10% de Intel.

Lo que está claro es que al final el mercado siempre teme lo mismo: que una gran marca deje de ser reconocible en su intento por sobrevivir al futuro.