Alejandro Falcón, socio director de Falcón Abogados y Mariano González, socio del área de Reestructuraciones e Insolvencia de Falcón Abogados, explican cómo gestionar activos de propiedad industrial en situaciones concursales y analizan cómo proteger marcas y patentes cuando una empresa está en dificultades.

Los expertos sostienen que cada vez más existe una conciencia entre los empresarios sobre la importancia de la propiedad industrial. Registrar una marca o una patente ha dejado de considerarse un simple trámite administrativo para convertirse en un pilar esencial de la valoración global de cualquier compañía.

Cómo proteger marcas y patentes cuando una empresa está en dificultades

Alejandro Falcón y Mariano González, de Falcón Abogados, explican cómo gestionar activos de propiedad industrial en situaciones concursales

Gestión durante crisis o insolvencia

Cuando una empresa entra en dificultades financieras o concurso de acreedores, las patentes y marcas pasan a formar parte de la masa activa. En estos contextos, el primer paso consiste en verificar la titularidad real del activo y confirmar que el pago de anualidades o licencias se encuentre al día. Posteriormente, se debe evaluar si la compañía es viable mediante una reestructuración o si conviene vender la patente de forma independiente o integrada en una unidad productiva junto al know-how del negocio.

Protección a título personal para emprendedores

Como estrategia preventiva, sugieren que en pequeñas empresas o startups el emprendedor o inventor registre la marca o patente a su nombre personal y otorgue una licencia de uso a la sociedad. De este modo, si la empresa llega a quebrar o entrar en concurso, el creador conserva la propiedad del activo y evita perderlo en el procedimiento concursal.

Auditoría y riesgo de inactividad

Dejar de comercializar los productos asociados a una patente o marca provoca una pérdida paulatina de su valor en el mercado, por lo que resulta crucial actuar a tiempo mediante reestructuraciones o ventas previas. Asimismo, recomiendan realizar auditorías periódicas para comprobar que el registro legal coincida exactamente con el uso real, los productos ofertados y las geografías donde opera la firma.

Como recomendación final, apunta a la necesidad de proteger los activos intangibles de forma gradual y progresiva, alineando el gasto en registros con el crecimiento comercial real del negocio para evitar costes innecesarios en sus fases iniciales.