La trayectoria de Itziar Delgado, funcionaria A1 del Cuerpo de Seguridad Nuclear y Protección Radiológica del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), es una de esas historias que explican por sí solas el valor de la experiencia profesional y el reto de trasladarla al sector público. Geóloga de tradición familiar, con más de dos décadas en proyectos de obra civil, energía y geotécnia, su paso del sector privado a la Administración revela luces, sombras y aprendizajes que merecen ser escuchados.

Una vocación que nació en casa

Delgado creció rodeada de geólogos. Su padre, viajero incansable, le transmitió desde niña la fascinación por el mundo. “Mi padre viajaba y nos traía un montón de cosas, de historias… y a mí me parecía alucinante”, recuerda. En su casa, las reuniones con amigos geólogos eran habituales: “Eran gente muy divertida… hacían fiestas en mi casa hasta altas horas de la mañana y contaban anécdotas de otras partes del mundo”.

Cibercotizante

Aunque las matemáticas se le daban especialmente bien, confiesa entre risas que los profesores de esa asignatura “solían tener mal carácter”, mientras que los geólogos le parecían “gente con espíritu aventurero, curiosidad y apertura de mente”. Esa mezcla de estímulos la llevó a estudiar Geología.

Un inicio profesional marcado por la crisis del sector

Cuando terminó la carrera, el panorama laboral era desolador. “Había muchísimo paro entre los geólogos… la empresa que más geólogos tenía contratados era un restaurante de comida rápida”, recuerda con ironía. Su primera oportunidad llegó con una beca en ENRESA, donde descubrió un mundo técnico y riguroso: “El detalle con el que se estudiaban las cosas me pareció fascinante”.

Itziar Delgado: "La Administración debería incorporar profesionales con experiencia real"

Después llegaron obras emblemáticas: Diagonal Mar, Barajas, los túneles de Guadarrama, proyectos de alta velocidad, consultoría geotécnica y direcciones de obra internacionales. “He tenido mucha suerte, pero también hay que buscarla… hay que atreverse y salir”, afirma.

El choque cultural al llegar a la administración

Tras la crisis de 2009, la inestabilidad del sector privado la llevó a opositar. Pero el salto al sector público no estuvo exento de sorpresas. “Me costó mucho adaptarme a los tiempos y los plazos… en la privada todo es mucho más ágil”, explica. Lo que más le impactó fue comprobar que “había gente con muy poca experiencia que, sin embargo, tenía un puesto importante”, algo que contrastaba con la exigencia del sector privado, donde la experiencia es un valor determinante.

Y su frase más contundente resume el problema estructural:
“Mis veintidós años de experiencia en el sector privado no existen.”

En los concursos internos, solo cuenta la antigüedad dentro de la administración. “Mañana una persona recién titulada, pero que lleva cuatro años, podría ser mi jefe”, señala. Delgado es clara: “La Administración debería incorporar profesionales con experiencia real”. Considera que exigir un mínimo de años en el sector privado para ciertos puestos técnicos sería beneficioso para la calidad del servicio público y para proteger el valor del conocimiento acumulado.

Su experiencia en licitaciones también le marcó: “Una cláusula mal puesta por alguien sin experiencia puede suponer un riesgo enorme y pérdidas económicas muy importantes”. En una ocasión, incluso recomendó a su empresa no presentarse a una oferta por ese motivo.

Opositar como un viaje

A quienes están preparando oposiciones, les lanza un mensaje honesto y motivador:
Lo primero es querer… es un viaje, no es fácil, pero hay que disfrutarlo”.

En su caso, la oposición implicó estudiar un máster de ingeniería nuclear para ponerse al nivel técnico requerido. “Quería tener conocimientos buenos para poder hacer frente a la oposición”, explica.