Salvador García es presidente de la Asociación de Arquitectos de Hacienda y miembro del Cuerpo de Arquitectos de Hacienda y repasó con nosotros su trayectoria profesional desde su ciudad natal en Murcia a Valencia donde estudió la carrera, de la consultoría inmobiliaria a la función pública, y de la valoración de activos al liderazgo en uno de los cuerpos más desconocidos —y esenciales— de la Administración.
Un arquitecto que descubrió su camino sin plan previo
Salvador García —Salva, como él mismo prefiere que le llamemos— reconoce que nunca tuvo una vocación temprana. “No tenía una idea clara de qué quería estudiar”, recuerda. Lo que sí tenía claro era que era “más técnico que jurídico” y que el dibujo, especialmente el técnico, le atraía. Una charla en el instituto, quizá un destello de intuición, bastó para que tomara una decisión firme: estudiar Arquitectura.
A los 17 años dejó Murcia para instalarse en Valencia. “Llegar allí me abrió un mundo nuevo, académico y personal”, explica. Vivir en un colegio mayor, rodeado de estudiantes de toda España, marcó su carácter y su forma de entender el trabajo en equipo. No es casualidad que pronto se convirtiera en delegado de clase, luego de la Escuela Técnica y finalmente delegado general de la Universidad, algo poco habitual para un estudiante de una carrera técnica.
De la arquitectura al mundo empresarial: un salto natural
Tras terminar la carrera, Salva sentía que aún tenía mucho que aprender. Por eso cursó un MBA en el Instituto de Empresa, un giro radical que lo llevó del urbanismo y los proyectos al marketing, la contabilidad y la gestión. “Fue muy exigente, pero muy interesante”, afirma.
Salvador García: "Esta oposición es una oportunidad enorme para los arquitectos"
Ese paso lo condujo a la consultoría inmobiliaria, donde descubrió la valoración de activos, una disciplina que lo atrapó. “La valoración sí que me gustó. Era el momento de las grandes carteras de los bancos tras la crisis, y había muchísimo trabajo”. Ese conocimiento técnico y económico sería clave para su futuro.
La llamada inesperada: opositar a Arquitecto de Hacienda
La decisión que cambiaría su vida llegó por casualidad. “Mis padres me llamaron y me hablaron de la oposición de arquitecto de Hacienda. No tenía ni idea de que existía”. En tres semanas pasó de no conocer el cuerpo a renunciar a su trabajo para opositar.
Se instaló en el Colegio Mayor César Carlos, un entorno que describe como “increíble para opositar”. Rodeado de talento y disciplina, aprobó y obtuvo su primer destino en Zaragoza, donde volvió a trabajar en valoración, esta vez desde la Administración.
El Catastro: un proyecto que lo atrapó desde dentro
En Zaragoza conoció el germen del proyecto que marcaría su carrera: el valor de referencia del Catastro, una herramienta que hoy es clave en la fiscalidad inmobiliaria. “Lo vi nacer y luego lo seguí en Madrid. Era un proyecto con muchas lagunas al principio, pero apasionante”.
Ya en la Dirección General del Catastro, en la Secretaría General, su trabajo se amplió hacia la gestión y la visión estratégica. “Es un sitio donde ves todo: las gerencias, el Ministerio, las necesidades del territorio”.
Liderazgo y vocación de servicio público
Además de su labor técnica, Salva ha asumido un papel clave en la Asociación de Arquitectos de Hacienda, donde ha sido tesorero, secretario y ahora presidente. “Me cuesta decir que no”, bromea, aunque reconoce que la asociación cumple una función esencial: unir, apoyar y dar visibilidad a un cuerpo poco conocido.
Su visión del servicio público es clara: “Es lo más desinteresado que debería haber. Afectas a las personas, tus decisiones tienen consecuencias, y eso hay que tenerlo siempre presente”. Con los años, dice, ese sentido de responsabilidad no ha hecho más que crecer.
Retos del Catastro y de la profesión
Entre los desafíos del futuro, Salva destaca uno: la unificación del valor catastral y el valor de referencia. “Creo que convergerán. El valor de referencia ha venido para quedarse”.
También insiste en la necesidad de que la profesión sea más conocida: “Nuestra mayor debilidad es que la gente no sabe que esta oposición existe. Es una oportunidad enorme para los arquitectos”.
Un consejo para quienes se plantean opositar
A quienes estén pensando en seguir sus pasos, les anima sin dudarlo: “Si creen que puede ser su camino, adelante. Yo no puedo estar más contento”. Y a quienes ya están dentro, les recuerda algo esencial: “Es una carrera de fondo. Habrá altibajos, pero forman parte del proceso y te hacen más fuerte”.
