CoreWeave, uno de los grandes proveedores de infraestructura informática para desarrollar modelos de IA, se encuentra en el centro de las preocupaciones por el endeudamiento que exige esta carrera de la inteligencia artificial.

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CoreWeave está disparando las alarmas en Wall Street con una deuda multimillonaria que pone a prueba la rentabilidad del negocio de la IA. Con @laurablancoperiodista y @glunaglez.

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La compañía estadounidense alquila potencia de cálculo a empresas que necesitan enormes recursos informáticos para entrenar y ejecutar sus modelos de inteligencia artificial. Para ello, construye y opera centros de datos equipados con miles de procesadores gráficos, buena parte de ellos fabricados por Nvidia. Un negocio que ha crecido al calor de la demanda de capacidad de computación, pero que requiere inversiones multimillonarias antes de generar los ingresos suficientes para rentabilizarlas.

De minar criptomonedas a levantar el imperio de la IA

La historia de CoreWeave comenzó lejos de los grandes modelos de inteligencia artificial. Sus fundadores, Michael Intrator, Brian Venturo y Brannin McBee, empezaron en el negocio de la minería de criptomonedas, aprovechando la capacidad de procesamiento de los equipos informáticos para obtener activos digitales.

Con el tiempo, identificaron una oportunidad mucho mayor, la de utilizar esa infraestructura para ofrecer servicios de computación a empresas que necesitaban más potencia para desarrollar sus aplicaciones. La explosión de la inteligencia artificial generativa convirtió esa apuesta en un negocio estratégico.

CoreWeave debutó en el Nasdaq el 28 de marzo de 2025, con un precio de salida de 40 dólares por acción. Su trayectoria bursátil ha reflejado el enorme interés de los inversores por las empresas que suministran la infraestructura necesaria para la IA.

Sus fundadores también han acumulado grandes fortunas. El crecimiento de la compañía y la revalorización de sus acciones han elevado el valor de sus participaciones, mientras que las ventas de títulos les han permitido materializar parte de esas ganancias.

Los fundadores han vendido acciones por miles de millones de dólares, reduciendo su exposición personal al riesgo de la compañía

Microsoft, OpenAI y Meta: los clientes que sostienen el negocio

El principal atractivo de CoreWeave es su cartera de clientes. Entre sus grandes compradores de capacidad informática figuran Microsoft, OpenAI y Meta, compañías que necesitan una enorme infraestructura para entrenar y desplegar sus modelos de inteligencia artificial.

Microsoft ha sido especialmente importante para sus ingresos. Esta relación proporciona a CoreWeave contratos de gran volumen y visibilidad sobre la demanda futura, pero también introduce un riesgo. Porque una parte significativa del negocio depende de las decisiones de inversión de un grupo reducido de grandes tecnológicas.

El modelo funciona mientras los clientes mantengan sus compromisos y la demanda de computación continúe creciendo. El desafío es que CoreWeave debe invertir hoy en instalaciones, energía y procesadores para atender una demanda que espera monetizar durante los próximos años.

La deuda que empieza a inquietar a Wall Street

Aquí está el origen de las dudas del mercado. Construir centros de datos para inteligencia artificial exige desembolsos extraordinarios. CoreWeave necesita financiar terrenos, instalaciones eléctricas, sistemas de refrigeración y equipos informáticos cada vez más caros. Para acelerar su expansión, recurre a préstamos, emisiones de deuda y otras fórmulas de financiación.

El resultado es un negocio con grandes perspectivas de crecimiento, pero también con una elevada carga financiera. Los compromisos de inversión y los pagos asociados a la deuda hacen que la compañía dependa de que sus contratos se traduzcan en ingresos y flujos de caja suficientes.

Las preocupaciones se han intensificado en las últimas jornadas bursátiles. Los inversores están examinando si la demanda futura de inteligencia artificial justificará el volumen de capital que se está destinando a construir centros de datos. La cuestión ya no es únicamente cuánto crecerá el mercado, sino qué rentabilidad obtendrán las empresas que están financiando su expansión.

¿Puede la crisis de CoreWeave contagiar al sector tecnológico?

El riesgo no se limita a una sola compañía. La expansión de la inteligencia artificial ha movilizado a fabricantes de chips, proveedores de servicios en la nube, empresas energéticas, bancos y fondos de crédito privado. Si la demanda se desacelera, los ingresos quedan por debajo de las previsiones o los proyectos tardan más en generar beneficios, algunas inversiones podrían resultar menos rentables de lo esperado.

En ese escenario, las empresas más endeudadas serían especialmente vulnerables. Una caída de la confianza podría encarecer su financiación y obligarlas a revisar sus planes de expansión. Además, cualquier deterioro en las expectativas de inversión de las grandes tecnológicas tendría repercusiones en toda la cadena de suministro de la IA.

La inteligencia artificial necesita inversiones gigantescas para crecer, pero esas inversiones no garantizan por sí solas beneficios suficientes