China vuelve a demostrar la enorme potencia de su industria exportadora. Y esta vez, el dato va mucho más allá de coches eléctricos, paneles solares o productos manufacturados. La tecnología se está convirtiendo en uno de los grandes motores de las ventas chinas al exterior.
Las cifras publicadas este martes muestran que las exportaciones chinas aumentaron un 25% interanual en agosto, hasta superar los 401.000 millones de dólares. El resultado vuelve a dejar una enorme brecha frente a las importaciones.
China registró un superávit comercial de unos 119.000 millones de dólares en el mes. En los ocho primeros meses del año, el superávit comercial acumulado alcanza ya alrededor de 805.500 millones de dólares.
La inteligencia artificial dispara la demanda de tecnología china
La clave está en la composición de esas exportaciones. Los productos de alta tecnología representan ya alrededor del 29% de las exportaciones chinas y explican más de la mitad del crecimiento registrado este año.
El desarrollo de centros de datos y la carrera mundial por construir infraestructura de IA están aumentando la demanda de ordenadores, componentes electrónicos, semiconductores y equipos tecnológicos. China, con una gigantesca capacidad industrial y una cadena de suministro muy desarrollada, está en una posición privilegiada para aprovechar ese crecimiento.
Y no se trata únicamente de chips. Los vehículos eléctricos, las baterías y otros productos vinculados a las tecnologías limpias forman también parte de esta nueva generación de exportaciones chinas. El país está pasando de ser la gran fábrica de productos baratos del mundo a convertirse en un proveedor cada vez más importante de productos industriales de alto contenido tecnológico.
China exporta tecnología mientras importa chips
China está aumentando sus exportaciones tecnológicas, pero también está comprando enormes cantidades de semiconductores en el exterior para alimentar su propia industria.
Las importaciones procedentes de Corea del Sur, uno de los principales productores mundiales de chips, se dispararon en agosto. Esta combinación muestra que la batalla tecnológica no consiste simplemente en que China quiera vender tecnología al resto del mundo: también necesita asegurar el suministro de componentes críticos para seguir desarrollando su industria.
Todo esto ocurre mientras Washington y Pekín mantienen uno de los mayores pulsos tecnológicos de la economía mundial. Estados Unidos ha impuesto restricciones a la exportación de determinados chips avanzados y ha incluido a empresas chinas en listas de control. El objetivo es limitar el acceso de China a determinadas tecnologías estratégicas, especialmente aquellas relacionadas con la inteligencia artificial y la computación avanzada.
Pero los datos comerciales muestran que el sector exportador chino mantiene una enorme fortaleza. Las restricciones pueden dificultar el acceso a determinadas tecnologías occidentales, pero no han impedido que China continúe aumentando su capacidad industrial y exportadora.
En apenas unas semanas, Donald Trump y Xi Jinping tienen previsto volver a sentarse frente a frente, en un encuentro que llega con las relaciones comerciales y tecnológicas entre Estados Unidos y China todavía marcadas por las restricciones, los aranceles y el pulso por los semiconductores.
