Lo que hace un año parecía ciencia ficción hoy es un dato real. Dos de cada diez empleos en España ya están directamente afectados por la inteligencia artificial, según revela un estudio de la Universidad Politécnica de Valencia. Sin embargo, estar expuesto a la inteligencia artificial no significa necesariamente perder el trabajo.

Según el estudio, la exposición solo indica cuánto puede cambiar un puesto. Es decir, la IA puede modificar la forma de trabajar y aumentar la productividad, lo que obligaría a las personas a actualizar sus habilidades.

A pie de calle | ¿Cómo está afectando la IA al empleo?

Quizás hoy compartes tu silla de trabajo con la Inteligencia Artificial. Bajamos a la calle a preguntar opiniones sobre el tema.

En la calle, la gente muestra una actitud optimista, aunque matizada. "Uno lo puede usar para una oportunidad. Nunca sabemos toda la información real de lo que está detrás de la inteligencia. Entonces, en el fondo, hay que aprovechar, la parte positiva de la IA, pero es bueno siempre manteniendo un control", comenta un ciudadano.

La percepción general combina incertidumbre y oportunidad. "Siento incertidumbre y oportunidad al mismo tiempo", expresa otro entrevistado, quien añade: "De momento la verdad que creo que incertidumbre en el sentido de hasta dónde puede llegar y oportunidad porque creo que sin duda a la hora de trabajar creo que brinda muchísimas más facilidades de las que teníamos anteriormente. Creo que eres capaz de sacar mucho más trabajo en un menor tiempo".

Desde el punto de vista geográfico, las grandes urbes como Madrid o Barcelona presentan una mayor exposición a la IA debido a su sector servicios y actividades de alto valor añadido... Algo que contrasta con regiones como las Castillas o Aragón, donde el entorno rural hace que muchos trabajos sean menos sustituibles por la tecnología.

Laura Pividal, economista de Coface para el sur de Europa, señala cuáles son las profesiones más sustituibles: aquellas con entradas y salidas digitalizadas, información estructurada y una variabilidad limitada. Por ejemplo, Derecho y cumplimiento normativo, Finanzas y Contabilidad, Ingeniería y Ciencias Computacionales, Gestión y administración de oficinas y algunos puestos creativos y relacionados con los contenidos. Para evitar esto, algunos ya empiezan a adaptarse.

Más allá de los empleos que se pierden, hay un efecto menos visible pero clave: el dinero que sostiene lo público. Hoy buena parte de los impuestos salen de los salarios y cotizaciones. Si la inteligencia artificial reemplaza al trabajo humano, esa base se encoge. De ahí que haya surgido una pregunta algo incómoda: si ahora la riqueza la producen las máquinas, ¿deberían contribuir también al sistema?

El teletrabajo es otro concepto que suena cada vez más. De hecho, la Comisión Europea ya propone implementarlo un día a la semana. Esta medida, junto a la rebaja del transporte público, busca aliviar la crisis de precios provocada por el conflicto en Oriente Medio.

Al final, la pregunta no es cuántos trabajos desaparecerán, sino hacia dónde irá el valor que dejen atrás. Porque si la inteligencia artificial produce más que nunca pero reparte menos, el problema no será la falta de empleo sino un futuro cada vez más desigual.