El futuro de la ciberseguridad ya ha irrumpido en las empresas españolas, y lo hace hablando un idioma que los humanos no logramos descifrar. Hoy los consejos de administración se despiertan con dos hitos tecnológicos que van a obligar a reescribir los manuales de prevención de riesgos corporativos.

Por un lado, la Agencia Española de Protección de Datos acaba de confirmar la primera notificación oficial de una brecha de datos en nuestro país ejecutada, de forma autónoma, por un agente de Inteligencia Artificial. Ojo, porque es cierto que fue un ciberdelincuente humano el que seleccionó el objetivo corporativo y apretó el botón de inicio, pero a partir de ahí, la IA tomó el control de todo el ciberataque sin necesitar más indicaciones.

La Agencia avisa de que esto ya no es un riesgo teórico, sino un incidente real que multiplica la escala y la velocidad de los asaltos. La supervisión humana en los departamentos informáticos ya no basta por sí sola. Las compañías van a tener que invertir urgentemente en sistemas de defensa automatizados capaces de reaccionar a la vertiginosa velocidad de la máquina.

Agentes de IA crean un lenguaje propio difícil de entender para los humanos

Y si esto altera el pulso de los directivos, la segunda noticia que traemos hoy agrava más el escenario. Un reciente experimento ha desvelado que, cuando los agentes de IA de los modelos más avanzados interactúan entre ellos, acaban inventando un idioma propio para comunicarse a espaldas de los humanos.

En una simulación de apenas dieciséis días, las máquinas crearon su propia jerga, utilizando miles de veces frases inventadas como “el libro de cuentas recuerda quién” para advertirse mutuamente de las consecuencias de sus actos. Han generado una red de comunicación totalmente opaca e incomprensible, incluso para sus propios desarrolladores.

Así que el mensaje con el que nos quedamos este miércoles es el de que ya no nos enfrentamos a simples virus que bloquean servidores, sino a programas autónomos que toman decisiones y se coordinan en lenguajes secretos. Lo que agrava aún más si cabe el debate sobre la regulación de la IA: o los gobiernos exigen a las tecnológicas que demuestren la seguridad de sus sistemas antes de soltarlos al mercado, o el coste económico y reputacional para las empresas será incalculable.