Cada vez más personas recurren a herramientas como ChatGPT, Gemini o Grok para tomar decisiones políticas, incluso aquellas que tienen que ver con el voto. Hemos llegado a tal punto que una inteligencia artificial ya puede influir directamente en nuestro voto, pero eso no significa que vaya a decidir las elecciones.
Un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) ha analizado cómo responden distintos asistentes de inteligencia artificial cuando los usuarios les preguntan qué partido político deberían votar en función de sus preocupaciones. Para ello, los investigadores realizaron más de 1.200 consultas a diferentes sistemas de IA.
ChatGPT ya recomienda partidos políticos
El resultado muestra que existen diferencias importantes entre unas herramientas y otras. Uno de los datos más llamativos del estudio es que ChatGPT recomienda un partido político en el 43% de las consultas analizadas. Otros asistentes fueron mucho más prudentes y evitaron realizar recomendaciones políticas directas en la mayoría de los casos.
Las respuestas también varían dependiendo de la cuestión planteada por el usuario. Vivienda, empleo, economía, sanidad, inmigración o impuestos pueden conducir a respuestas diferentes. Y ahí está precisamente una de las claves del problema.
Porque una inteligencia artificial no necesita decirle directamente a alguien "vota a este partido" para influir en su decisión. Puede hacer algo aparentemente mucho más neutral: seleccionar qué información ofrece, qué propuestas destaca, qué argumentos considera más convincentes o qué candidato presenta como más preparado para resolver un determinado problema.
El usuario sigue tomando la decisión final, pero llega a ella después de haber pasado por un nuevo filtro
El algoritmo como nuevo intermediario político
Durante décadas, los ciudadanos han recibido información política fundamentalmente a través de los medios de comunicación, los partidos, las redes sociales o su entorno personal. Ahora aparece un nuevo intermediario con la diferencia de que ahora es el usuario el que puede mantener una conversación con él y formular preguntas cada vez más específicas.
"¿Qué partido tiene mejores propuestas económicas?", "¿auién defiende mejor a los autónomos?", "¿qué partido tiene el programa más realista para solucionar la vivienda?", o incluso una pregunta mucho más directa: "con mis prioridades, ¿a quién debería votar?".
El problema es que las respuestas de una IA no son necesariamente neutrales ni objetivas. Los modelos se entrenan con enormes cantidades de información y generan sus respuestas a partir de patrones aprendidos, pero también pueden cometer errores, presentar información incompleta o reproducir sesgos. Y en política, un pequeño sesgo en la selección de la información puede tener consecuencias importantes.
