¿Qué tiene que ver un retrete o unas deportivas con la inteligencia artificial? A primera vista, absolutamente nada. Pero en Wall Street, ahora mismo, casi todo puede tener algo que ver con la IA si se mira con suficiente imaginación o con suficiente apetito inversor.
La fiebre por la inteligencia artificial ha dejado de ser patrimonio exclusivo de Nvidia, Microsoft, Alphabet, Amazon o Meta. El entusiasmo se está extendiendo a empresas que no parecen tener una relación directa con los algoritmos, los modelos generativos o los centros de datos.
Sin embargo, algunas han encontrado una vía para presentarse ante el mercado como piezas del nuevo ecosistema tecnológico. Y los inversores están escuchando.
De fabricantes de vidrio a valores de inteligencia artificial
Uno de los ejemplos más llamativos es Corning, una compañía conocida históricamente por fabricar vidrio. Su nombre puede sonar lejano al universo de la inteligencia artificial, pero su papel se ha vuelto cada vez más relevante porque los centros de datos necesitan una enorme cantidad de fibra óptica para mover información a gran velocidad.
La IA no funciona solo con chips. También necesita redes, conectividad, almacenamiento, energía, refrigeración y materiales especializados. En ese engranaje, una empresa de vidrio puede convertirse, de repente, en un proveedor estratégico.
Por eso Corning ha ganado protagonismo en plena carrera por ampliar la infraestructura tecnológica que sostiene la inteligencia artificial. La compañía se beneficia de la demanda de fibra óptica, clave para conectar servidores, centros de datos y sistemas de computación avanzada.
El curioso caso del fabricante de retretes
Más sorprendente todavía es el caso de TOTO, el fabricante japonés de inodoros inteligentes. Para el consumidor medio, TOTO es sinónimo de baños tecnológicos, tapas automáticas y retretes de alta gama. Pero detrás de esa imagen doméstica hay también una división de cerámicas avanzadas utilizada en maquinaria relacionada con la fabricación de semiconductores.
Y ahí aparece la conexión con la inteligencia artificial. La demanda de chips se ha disparado por el auge de los modelos de IA, los centros de datos y la computación de alto rendimiento. Cualquier empresa que participe, aunque sea de forma indirecta, en la cadena de suministro de los semiconductores puede verse beneficiada por esa ola.
Así, un fabricante de retretes puede terminar convertido en un valor de moda para quienes buscan exposición al boom de los chips.
Zapatillas que quieren correr hacia la IA
El fenómeno no se queda ahí. Otro caso llamativo es el de Allbirds, la marca de zapatillas sostenibles. La compañía ha decidido vender su negocio de calzado y reconvertirse en NewBird AI, una empresa centrada en infraestructura de computación para inteligencia artificial.
Sus acciones llegaron a dispararse más de un 500% en una sola sesión. Basta con pronunciar las siglas mágicas —IA— para despertar el apetito de una parte del mercado. Aunque el negocio original tenga poco o nada que ver con la tecnología.
¿Revolución industrial o burbuja con nuevo nombre?
La gran pregunta es si estamos ante una transformación industrial profunda o ante una nueva fiebre especulativa. Probablemente, hay algo de las dos cosas.
Por un lado, la inteligencia artificial sí necesita una economía física gigantesca detrás: chips, fibra óptica, cobre, electricidad, agua, centros de datos, sistemas de refrigeración y componentes de precisión. No todo es software. Hay una infraestructura real, costosa y compleja que debe construirse para que la IA funcione.
Por otro lado, el mercado corre el riesgo de convertir cualquier vínculo remoto con la inteligencia artificial en una excusa para inflar expectativas. Ya ocurrió con internet durante la burbuja puntocom. Empresas de todo tipo añadían “.com” a su nombre para atraer inversores. Ahora, el nuevo apellido mágico es “AI”.
El boom de la inteligencia artificial está cambiando la forma en la que los inversores miran a las empresas. Ya no se preguntan solo cuánto venden o cuánto ganan, sino si pueden beneficiarse de alguna manera de la nueva carrera tecnológica.
Eso explica que fabricantes de vidrio, compañías industriales, eléctricas, firmas de refrigeración, proveedores de chips o incluso marcas de consumo intenten posicionarse dentro del relato de la IA.
