Jeff Bezos lleva más de dos décadas mirando hacia las estrellas. El fundador de Amazon ha destinado alrededor de 30.000 millones de dólares de su fortuna personal a Blue Origin desde que creó la compañía en el año 2000.
La cifra la hemos conocido en una exclusiva de The Wall Street Journal y revela hasta qué punto Bezos está dispuesto a financiar una compañía que durante años ha avanzado a un ritmo mucho más lento que su gran rival, SpaceX, fundada por Elon Musk.
Según el diario estadounidense, Bezos habría realizado recientemente una nueva inyección de unos 2.000 millones de dólares, mientras Blue Origin prepara una nueva etapa de expansión. La compañía también estaría recurriendo por primera vez de forma significativa a inversores externos, con una operación que habría permitido captar unos 10.000 millones de dólares y que situaría su valoración en torno a los 140.000 millones.
De gastar la fortuna de Bezos a buscar ingresos propios
El reto ahora es transformar ese dinero en un negocio capaz de generar ingresos a una escala completamente diferente. Blue Origin habría ingresado alrededor de 800 millones de dólares en 2025 y espera alcanzar unos 1.400 millones este año. La ambición para el final de la década es mucho mayor. Se quiere superar los 30.000 millones de dólares de ingresos en 2030.
Para conseguirlo, la compañía necesita multiplicar los lanzamientos y convertir sus cohetes en una pieza relevante del creciente mercado espacial comercial. Y ahí aparece New Glenn, el gigantesco cohete reutilizable de Blue Origin. El vehículo es la gran apuesta de Bezos para competir por contratos de lanzamiento de satélites, misiones gubernamentales y otros servicios espaciales.
El proyecto, sin embargo, todavía está lejos de encontrarse al nivel de madurez alcanzado por SpaceX. Blue Origin sufrió además un revés este año cuando un incidente durante una prueba dañó parte de las instalaciones de lanzamiento de New Glenn. La compañía trabaja para recuperar el calendario de vuelos.
La rivalidad entre Bezos y Musk lleva años desarrollándose en paralelo a sus respectivos imperios empresariales. Pero la diferencia entre ambos proyectos ha sido evidente. Mientras SpaceX ha conseguido convertir los lanzamientos de cohetes en un negocio a gran escala, Blue Origin ha necesitado durante mucho tiempo el respaldo financiero de su fundador.
Bezos quiere que Blue Origin deje de ser únicamente un proyecto financiado por su fortuna y se convierta en una compañía espacial con capacidad para generar decenas de miles de millones de dólares en ingresos.
Los 30.000 millones invertidos hasta ahora explican el tamaño de la apuesta. El verdadero desafío será demostrar que ese capital puede traducirse en lanzamientos, contratos, clientes y, finalmente, un negocio sostenible.
