Mark Zuckerberg soñó con una Meta en la que la inteligencia artificial hiciera buena parte del trabajo que hasta ahora realizan miles de empleados. Quería equipos mucho más pequeños, estructuras sin capas intermedias y agentes de IA capaces de asumir tareas cotidianas de los trabajadores humanos.

Pero el ambicioso proyecto acabó chocando con la realidad. A principios de 2026, el consejero delegado de Meta y su cúpula diseñaron el denominado Project OT, siglas de Organization Transformation. El objetivo era convertir al gigante de Facebook e Instagram en una compañía "nativa en IA", reorganizando profundamente su plantilla y su manera de trabajar.

Según una investigación de Reuters basada en documentos internos y testimonios de más de una veintena de personas conocedoras del proyecto, los directivos llegaron a estudiar escenarios que contemplaban reducir hasta un 60% el tamaño de algunos equipos.

La inteligencia artificial debía asumir gran parte del trabajo diario y los empleados supervivientes supervisarían equipos mucho más pequeños y especializados. El plan contemplaba dos grandes oleadas de reestructuración: una primera en mayo y una segunda prevista para noviembre.

El frenazo llegó horas antes de los despidos

Meta ejecutó finalmente un recorte del 10% de su plantilla el 20 de mayo. Sin embargo, apenas unas horas antes, Zuckerberg decidió cancelar los planes para la segunda gran oleada de recortes. Para entonces, el malestar dentro de la compañía era evidente.

Muchos empleados estaban convencidos de que estaban entrenando a las herramientas de inteligencia artificial que acabarían sustituyéndoles. Meta había llegado incluso a instalar software para registrar pulsaciones de teclado y movimientos del ratón con el objetivo de enseñar a sus agentes de IA cómo interactúan los trabajadores con los ordenadores.

La reacción fue una auténtica rebelión interna. El indicador de satisfacción de los empleados de Meta cayó del 74% al 55%, mientras crecían las protestas y los esfuerzos de organización laboral dentro de la compañía.

Más código, pero no más productividad

El otro gran problema fue tecnológico. Los datos internos mostraban que el uso de IA estaba disparando la cantidad de código generado por los empleados, pero sin traducirse necesariamente en mejoras proporcionales de productividad. Los cambios en el software interno crecieron un 220% interanual, mientras que las modificaciones que se traducían en nuevas o mejores funciones para los usuarios aumentaron solo un 36%.

La rápida proliferación de agentes autónomos también provocó problemas de fiabilidad y seguridad. Según los documentos internos revisados por Reuters, los grandes incidentes técnicos y de seguridad aumentaron un 40%, mientras que el tiempo dedicado por los trabajadores a apagar esos "incendios" se disparó un 70%.

En junio, hackers llegaron a explotar el nuevo sistema de atención al cliente impulsado por IA para acceder a cuentas de Instagram de alto perfil. Ante esta situación, Zuckerberg acabó reconociendo internamente que la tecnología de agentes de IA no había avanzado tan rápido como esperaba.

De sustituir trabajadores a "apostar por las personas"

La situación ha obligado a Meta a modificar también su discurso. Después de impulsar una profunda transformación basada en automatizar el trabajo humano, Zuckerberg ha pasado a presentar públicamente a Meta como una compañía que quiere "empoderar a las personas" con inteligencia artificial.

Meta ha confirmado la existencia del Project OT y ha reconocido que se estudiaron escenarios con fuertes reducciones en algunos equipos. No obstante, la compañía subraya que nunca contempló despedir al 60% de toda su plantilla y que los ejercicios incluían también recolocaciones y cierres de vacantes.

La empresa ha acabado trasladando a miles de empleados a nuevas áreas prioritarias, especialmente relacionadas con la IA, mientras intenta reparar el deterioro de la moral interna.

Pero la presión continúa. Meta prevé invertir al menos 130.000 millones de dólares este año en chips e infraestructura de inteligencia artificial, una factura que mantiene bajo presión su caja y aumenta el escrutinio de los inversores.