Si algo deja claro Davos este año es que el mundo no se enfrenta a una sola crisis, sino a muchas mal coordinadas entre sí. No es solo geopolítica, no es solo tecnología, no es solo clima o seguridad. Es la fricción entre todas ellas al mismo tiempo.
Vivimos en un mundo más fragmentado, donde la cooperación global ya no es automática, sino selectiva; donde la transición energética depende tanto de minerales y redes como de voluntad política; donde la regulación puede ser freno o ventaja competitiva; y donde la tecnología, especialmente la inteligencia artificial, avanza más rápido que nuestra capacidad de gobernarla.
En este programa de El Laboratorio, gracias a Margarita Delgado, exgobernadora y subgobernadora del Banco de España; y a Giuseppe Tringali, exvicepresidente de Mediaset España y consejero de numerosas compañías, descubrimos cómo el problema ya no es saber qué hay que hacer, sino ser capaces de hacerlo a escala y a tiempo.
En este programa de El Laboratorio, gracias a Margarita Delgado, exgobernadora y subgobernadora del Banco de España; y a Giuseppe Tringali, exvicepresidente de Mediaset España y consejero de numerosas compañías, descubrimos cómo el problema ya no es saber qué hay que hacer, sino ser capaces de hacerlo a escala y a tiempo.
Las soluciones técnicas existen. El capital existe. El talento existe. Lo que falta es coordinación, previsibilidad y confianza. El Mundo se encuentra frente a un gran reto a futuro, descubierto gracias a “La Máquina del Tiempo”.
El agua se convierte en riesgo económico; los minerales, en arma geopolítica; la ciberseguridad, en infraestructura crítica; la regulación, en un nuevo campo de batalla global; y la cooperación internacional, en algo más frágil, pero también más necesaria que nunca.
Europa, en particular, se juega mucho. Puede quedarse atrapada en la caricatura de regulador del mundo sin campeones propios, o puede demostrar que regular bien también es una forma de innovar, de atraer capital y de construir confianza en un mundo incierto.
Davos no ofrece certezas, pero sí una advertencia clara: el futuro no será de quienes tengan la mejor tecnología, ni siquiera de quienes tengan más recursos, sino de quienes sepan alinear estrategia, reglas, infraestructuras y personas.
El mundo no se está deteniendo. Está avanzando, aunque no siempre en la misma dirección. Y la pregunta que deja Davos este año es tan simple como incómoda: ¿seremos capaces de organizarnos antes de que las crisis decidan por nosotros?
