Si hace pocos días Donald Trump decía que no habría acuerdo de paz sin una rendición incondicional, ahora el presidente estadounidense dice que es posible que esté dispuesto a dialogar con Irán.
¿Qué ha llevado a Trump a rebajar el tono con Irán? Hoy ponemos el foco en los problemas que acechan a la economía estadounidense.
¿Qué ha pasado en medio? Que el petróleo ha llegado a rozar los 120 dólares el barril, metiendo mucho miedo al mercado y también a los ciudadanos estadounidenses.
Por un lado, veíamos fuertes caídas en los mercados mundiales, también en los índices de la bolsa de Nueva York. El peor día para el Dow Jones fue el 5 de marzo, que cerró con una caída del 1,61% y el día posterior, 6 de marzo, vino el castigo para el S&P 500, que restaba un 1,33% y para el Nasdaq 100, que perdía un 1,51%.
En cuanto a la economía real, el precio de la gasolina en Estados Unidos había aumentado hasta ayer casi un 17% desde el inicio de los ataques, el pasado 28 de febrero.
Esto se traduce en riesgo de inflación… y de subida de tipos, con lo mucho que ha peleado Donald Trump por convencer a la Reserva Federal precisamente de bajar las tasas. Este miércoles se va a publicar la cifra de IPC de febrero.
Por otra parte, el riesgo de recesión también se ha puesto sobre la mesa. Los mercados de predicción, como Kalshi, reflejan esta creciente ansiedad, donde las apuestas a favor de una recesión se incrementan.
Esta correlación entre el alza del crudo y la expectativa de desaceleración ya ha ocurrido varias veces en la historia.
¿Qué está haciendo Trump entonces?
Ramón Forcada, director de análisis de Bankinter, dice que Estados Unidos está en un proceso de desactivar las amenazas que representan para su país Venezuela, Irán, Corea del Norte, Rusia y China.
Por eso los expertos creen que, salvo sorpresas, el conflicto no va a durar mucho más, dado que tendría un alto coste también para Estados Unidos.
¿Qué otros frentes tenía abiertos ya la administración Trump?
Hay que recordar que el presidente estadounidense había sufrido un varapalo por parte del Tribunal Supremo que el pasado 20 de febrero declaraba ilegales sus aranceles, por haber sido impuestos bajo una ley que no estaba destinada a ello.
A las pocas horas, los asesores legales de la Casa Blanca invocaron otra ley, esta vez incluso más antigua —la Ley de Comercio del año 1974 (Trade Act)—, cuyo artículo 122 les permite continuar con su política arancelaria, al menos temporalmente.
En el aire, sigue la devolución de 166.000 millones en aranceles cobrados de forma indebida y que la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, organismo dependiente de la Casa Blanca, ya ha dicho que no puede llevar a cabo.
Entre otras polémicas que se le acumulan a Trump, el malestar que han generado en el país las prácticas del ICE, con la muerte de dos ciudadanos estadounidenses a manos de esos agentes de inmigración, además de la inquietud social en torno a los archivos de Epstein.