Y es que durante más de medio siglo, los diamantes se han vendido bajo el lema “Un diamante es para siempre”, acuñado por el Grupo De Beers. Con este eslogan, la compañía utilizaba el diamante como metáfora de la duración de un matrimonio. A raíz de este mensaje, muchos estadounidenses comenzaron a comprar estas piedras preciosas para regalárselas a sus futuras esposas como muestra de que su proposición iba en serio.
Pero ahora las tornas han cambiado. Ahora mandan los millenials, que representan alrededor del 45% de la demanda de diamantes en EEUU. Motivo por el cual los principales productores centran ahora su mirada en ellos. Y la primera medida es un lavado de imagen del producto.
Porque para los millenials, los diamantes representaban hasta ahora tradición o elevado poder adquisitivo, dos conceptos alejados de su filosofía de vida, más desenfadada y centrada en el “You only live once”, el nuevo carpe diem.
Por ello, la Asociación de Productores de Diamantes, formada por grandes compañías como Alrosa, DeBeers o Rio Tinto, pretende transmitir a esta nueva generación que estas piedras representan conexiones raras, preciosas y reales.
Según investigaciones de la Asociación, los millenials buscan conexiones reales y duraderas, pero luchan para que sean relaciones auténticas en un mundo de cambio constante e interacciones superficiales. Y es por ello que, para ellos, los diamantes no pueden ser eternos, deben ser reales mientras existen.