Pakistán confirma oficialmente que se encuentra en guerra abierta con Afganistán tras llevar a cabo una serie de bombardeos sobre la capital, Kabul, y otras ciudades principales. La escalada del conflicto marca un punto de inflexión en las tensiones históricas entre ambos países vecinos.
Según las informaciones facilitadas por el gobierno paquistaní, las operaciones militares resultan en la muerte de al menos 133 combatientes talibanes y dejan heridos a otros 200. Por su parte, el Ministerio de Defensa de Afganistán responde que ha matado a soldados paquistaníes y prepara una respuesta acorde a esta hostilidad desatada.
Águeda Parra Pérez, analista geopolítica de China Geotech, explica que "esto viene de un proceso de calentamiento en lo que es el conflicto en la frontera desde octubre". La experta señala que las tensiones fronterizas entre Pakistán y Afganistán han captado menos atención que los conflictos con India, pero mantienen la misma complejidad histórica.
"Quizás ha llegado el momento en el que ambas partes están echándose la culpa de que la otra parte ha sido la que ha iniciado todo este proceso"
En términos de alianzas estratégicas, Parra Pérez considera que "la parte que más interesa a Pakistán es todo el acceso a todo lo que son los recursos de aprendizaje", lo que posiciona al país con mayor apoyo de aliados con intereses en esa región.
Sin embargo, la experta advierte que "no es un conflicto fácil para ninguno de los aliados de posicionarse porque hay contiendas más con la parte de los talibanes que nunca han sido una relación sencilla para ninguno de las potencias occidentales".
Impacto en el contexto internacional
El conflicto surge en un momento de particular tensión geopolítica global, con Estados Unidos enfocado en resolver otros focos de crisis. "Es prematuro ver a dónde termina de realizarse este conflicto para ver a qué dimensión termina teniendo respecto de lo que ahora mismo está pasando en el resto de los focos de geoestrategia", analiza la experta.
La guerra entre Pakistán y Afganistán añade un nuevo elemento de inestabilidad a una región ya compleja, donde las alianzas tradicionales enfrentan desafíos significativos y las potencias mundiales deben recalibrar sus estrategias de intervención y apoyo en múltiples frentes simultáneos.