El mundo tiene el foco puesto en el precio del petróleo… Cada movimiento bélico o declaración del presidente estadounidense, Donald Trump, mueve los futuros del crudo y, como consecuencia, las bolsas en su totalidad.
Sin embargo, el consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, ha dejado caer en un foro de El Economista que "el problema en el mercado energético no es la falta de petróleo, sino la de refino”. No es el primero que desvía el foco de la producción de crudo. El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, ha asegurado esta misma semana que estaba prestando más atención al creciente margen de refino que a los precios del petróleo.
¿Por qué hay que poner ahora el foco en el precio de los combustibles y no tanto en el del petróleo?
La guerra de Irán y la de Ucrania han destruido millones de barriles de capacidad de refino de petróleo, por lo que ante la falta de producción de productos refinados, los precios de los combustibles se han disparado. El mercado de productos refinados ha demostrado ser más difícil de controlar… Y es que las refinerías se han convertido en objetivos en los conflicto en Oriente Medio y Ucrania.
Moscú ha prohibido las exportaciones de diésel mientras que los envíos de productos petrolíferos a través del estrecho de Ormuz se han reducido más que el flujo de crudo porque los combustibles refinados requieren más buques para su transporte y porque no existe un transportista dominante que organice los tránsitos.
Tal y como ha explicado Bailey, “no consumimos barriles de petróleo, sino los productos derivados del mismo”. El Banco Central Europeo ya advirtió a finales de julio de ello y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anda presionando a las refinerías de petróleo del país para que aumenten la producción nacional de gasolina y diésel.
Como consecuencia de todo esto, cada día que pasa hay menos gasolina y diésel en el mundo, a pesar de que las refinerías disponibles están operando al máximo de su capacidad. Y esto también es un peligro porque aumentan las posibilidades de una gran avería que pueda paralizar su uso.
El drama de las refinerías supone un cuello de botella que anticipa un invierno muy duro: Aunque el mundo esté inundado de petróleo, si no se amplía el número de refinerías disponibles va a faltar gasolina, diésel, fueloil y queroseno.