La vuelta al trabajo y a la rutina en septiembre después del verano puede ser un buen momento para poner en orden las finanzas personales. Pero antes de pensar en qué invertir, cuánto o qué rentabilidad esperar, hay una cuestión mucho más básica a tener en cuenta: saber exactamente cuánto dinero entra, cuánto sale y qué parte queda disponible cada mes.
Esta es la tesis que defiende Juan Vidal, inversor a largo plazo con 24 años de experiencia y divulgador especializado en educación financiera:
Juan Vidal, inversor con 24 años de experiencia, explica por qué controlar gastos y eliminar deudas debe preceder a cualquier estrategia de inversión.
¿Por qué septiembre es especialmente adecuado para revisar las finanzas personales?
Según Vidal, se trata fundamentalmente de una cuestión de mentalidad. "Septiembre es, por llamarlo de alguna manera, como un segundo enero. Venimos del verano, venimos de mucho descontrol y esa vuelta a la rutina pues quizá nos hace un poco ralentizar nuestra velocidad de crucero", explica el experto. Esta parada permite poner el reloj en pausa y volver al nivel de gasto habitual.
El tema financiero suele estar en los propósitos de año nuevo y, por desgracia, muchos años se queda ahí. "Esta parada de septiembre, muchas veces cuando te paras a evaluar y ver cómo estás, pues es un buen momento para retomar este tema y todavía tienes cuatro meses por delante para poder empezar a hacer algo", señala Vidal.
El diagnóstico financiero: primer paso imprescindible
Antes de pensar en invertir, Vidal sostiene que es necesario saber exactamente cuánto dinero queda disponible, tener las cuentas claras sobre ingresos, gastos fijos y capacidad de maniobra. Para quien nunca ha hecho un diagnóstico de sus finanzas, el inversor propone dividir este análisis en dos partes fundamentales.
"En primer lugar hay que hacer un análisis del día a día, que es ver lo que entra, lo que sale, a dónde se va lo que sale y, por supuesto, lo que queda, si es que queda algo, que esperemos que sí", explica. La segunda parte consiste en un diagnóstico más a nivel patrimonial: "Ver a efectos patrimoniales pues bueno, todo lo que tengo y todo lo que debo".
Este ejercicio es tan sencillo como poner por un lado la casa, el coche, las cuentas bancarias y las inversiones que se tengan, y por otro lado todas las deudas. De esta manera se obtiene una visión a vista de pájaro de la situación patrimonial. "Este ejercicio viene muy bien para darnos cuenta de que verdaderamente tenemos más deudas de las que a priori pensamos, que están ahí normalizadas en el día a día y que las pasamos completamente por alto. Es una buena toma de conciencia", advierte Vidal.
Las tres condiciones previas a cualquier inversión
El experto identifica tres condiciones que deben abordarse antes de comenzar a invertir: controlar los gastos, eliminar la deuda cara y disponer de un colchón de seguridad. El orden en que deben abordarse estas prioridades es exactamente ese.
"Para atacar la deuda, si no llevas un control de ingresos y gastos, pues no vas a tener capacidad de ahorro. Si no tienes capacidad de ahorro, no puedes atacar la deuda", explica Vidal. Para tener ese control de ingresos y gastos es necesario haber hecho el diagnóstico previo del que se ha hablado anteriormente.
Una vez acabada la deuda, llega el momento de crear el colchón de seguridad. Para los más inquietos, esta es una fase que ya se puede empezar a compaginar con la inversión, pero lo que no se puede hacer es saltarse toda la fase de atacar lo que es la deuda mala, la deuda cara.
¿Cuánto dinero necesitas en tu fondo de emergencia?
La referencia tradicional de entre tres y seis meses de gastos fijos sigue siendo válida, pero con matices importantes. "No va a tener las mismas necesidades de colchón de seguridad una persona con un puesto de trabajo muy estable y unos ingresos y gastos muy estables, como por ejemplo puede ser un funcionario, y una persona que tenga grandes oscilaciones tanto a nivel de ingresos como de gastos, puede ser un pequeño emprendedor o un autónomo", explica Vidal.
En base a estas circunstancias personales es donde hay que analizar cada caso. Es un buen punto de partida, pero luego hay que afinar para cada situación particular.
Deuda cara versus deuda asumible: dónde está la frontera
No todas las deudas son iguales. Hay que distinguir entre las tarjetas que cobran un alto tipo de interés o los pequeños préstamos al consumo, que tienen intereses bastante altos, y la hipoteca de vivienda, que es una deuda a más largo plazo y puede tener un interés mucho más ventajoso.
Vidal ofrece dos respuestas para situar esta frontera.
La primera, más técnica, es fijar este límite en el precio del dinero, que son los tipos de interés que fija el Banco Central Europeo. Como lo normal es que no se maneje este dato, el experto proporciona un indicador mucho más accesible: "Fijar esta frontera aproximadamente en el IPC".
Con un IPC en España rondando el 4% en el momento de la entrevista, esa podría ser una buena frontera. "Todo lo que esté por encima del tres, 4% se podría considerar deuda cara y todo lo que esté por debajo es deuda con la que podemos convivir", señala.
Sin embargo, advierte que hay que tener sentido común y no irse muy lejos en el tiempo, recordando que hace unos años España tuvo una grave crisis inflacionaria con IPC rondando el ocho o el 10%. "Evidentemente en una situación así, una deuda con un tipo de interés al ocho, al 10% no es deuda con la que podamos convivir", matiza.
El error más común: saltarse la fase de cancelación de deuda
Cuando se le pregunta por los errores más habituales que cometen los ahorradores, Vidal es claro: "El principal error, por englobarlo todo, para mí es saltarse esa fase de cancelación de deuda. Porque cancelar deuda es poco sexy, vamos a llamarlo así, y es mucho más interesante empezar a invertir. Es donde queremos poner el foco y realmente es justo al revés".
El experto plantea una pregunta reveladora: "¿Qué es lo que más impacto va a tener en el corto plazo? ¿Cancelar una deuda con una tasa de interés del diez, 12, 14 por 100 o plantearse invertir para obtener una rentabilidad, pues quizá si el mercado acompaña o no, entre el siete, el ocho, el nueve por 100?" La respuesta es obvia: en el corto plazo, cancelar esa deuda.
Además, se trata de un resultado garantizado. "Quitas esa deuda, el pago de esos intereses, inviertes y quizá consigas buenos resultados o quizá no", explica Vidal, quien aclara que la inversión es algo necesario, "y el necesario lo ponemos con mayúsculas, negrita y subrayado si hace falta, pero en el momento adecuado".