Se pone fin así al que habría sido el mayor acuerdo de la industria tecnológica y a la posibilidad de que la mayor compañía estadounidense de fabricación de microchips para teléfonos móviles caiga en manos de una empresa asiática.
La orden presidencial refleja las preocupaciones sobre la capacidad de Estados Unidos para fijar estándares tecnológicos en la próxima generación de teléfonos móviles en su competencia con firmas chinas. La norteamericana Qualcomm, con sede en San Diego, se ha convertido en uno de los principales competidores de la china Huawei en el sector, lo que le convierte en un activo preciado para el país.
Además, el Comité de Inversión Extranjera de EEUU (CFIUS), que investigaba la oferta, temía que si se completaba el acuerdo, el ejército estadounidense temía que un operador chino fuera dominante en una década sobre todas estas tecnologías. En una carta a las compañías el 5 de marzo, el CFIUS expresaba su preocupación de que Broadcom no estaría dispuesta a financiar la investigación necesaria para mantener la sólida posición de Qualcomm en la llamada tecnología 5G, un estándar de próxima aparición para redes de datos inalámbricas, lo que dejaría a China como la única opción para que Estados Unidos obtenga esa tecnología.