Fabiola Solino, funcionaria del Cuerpo TIC en Justicia y jefa de la Unidad de Apoyo en la Dirección General de Transformación Digital, ha recorrido todos los caminos posibles de la tecnología y su relato, lleno de autenticidad, vocación y sentido del servicio público, es un ejemplo de cómo la tecnología puede transformar vidas cuando se pone al servicio de la sociedad.
Raíces andaluzas, ritmo madrileño
Aunque nació en Madrid, Fabiola lo deja claro desde el principio: «Tengo el ritmo de Madrid, pero el alma y la calma del sur». Su familia regresó a Jerez cuando ella tenía seis años, y allí creció rodeada de una extensa familia trabajadora que le enseñó a valorar el esfuerzo y la humildad. «Mi familia es la que me pone los pies en el suelo», afirma con orgullo.
Ese entorno, lleno de oficios y realidades diversas, le dio una perspectiva vital que conserva intacta: «Me ha hecho ver lo difícil que es para algunas familias salir adelante… y me siento afortunada de las oportunidades que la vida me ha dado».
Tecnología desde la cuna
La vocación tecnológica no llegó por casualidad. Su padre, técnico electrónico, llenó la casa de ordenadores abiertos, placas base y disquetes. «Para nosotras la tecnología nunca fue algo extraño», recuerda. Aquella normalidad tecnológica marcó a las tres hermanas: una médica, otra informática y ella, ingeniera de telecomunicación. Ese entorno también alimentó su curiosidad: «Soldaba con estaño con 11 años… para mí hablar de tecnología era lo natural».
Un mensaje para las jóvenes STEM
Fabiola es clara cuando se dirige a las chicas que dudan si estudiar carreras tecnológicas:
«Que no tengan miedo. Ya somos muchas las que hemos pasado por ahí… que se agarren a los referentes y aprovechen la oportunidad» y recuerda que, aunque son carreras exigentes, «luego te dan muchísimas oportunidades laborales».
La vocación de servicio público
Aunque trabajó muchos años en el sector privado, siempre sintió una atracción especial por lo público: «Siempre tuve esa sensación de que me gustaba mucho más lo que hacían ellos que lo que hacía yo».
Su paso por empresas tecnológicas, por bibliotecas, por proyectos de programación y por un duro trabajo como comercial le dio una visión completa del ecosistema digital. De aquella etapa comercial dice algo revelador: «La persona que entró en ese trabajo es totalmente distinta a la que salió». Y añade: «Ser comercial es una forma de vida… te da una amplitud de miras enorme».
Fabiola Solino: "Haber pasado por lo privado mejoró sin duda mi gestión en lo público"
Red.es: el punto de inflexión
Durante 15 años trabajó en Red.es, donde se enamoró de proyectos como la receta electrónica, la digitalización de la justicia o las smart cities. «Yo decía: es que yo quiero estar ahí», recuerda. Allí también vivió momentos curiosos, como reencontrarse con antiguos clientes que antes no la trataban bien: «Agachaban la cabeza y no eran capaces de mirarme a los ojos».
La oposición: disciplina y propósito
Con dos niñas pequeñas, un trabajo a jornada completa y una vida frenética, decidió opositar. «Muy loca… no sé cómo me metí en esto», confiesa. Su método: disciplina absoluta. «Me levantaba a las 6:30, trabajaba, cuidaba a mis hijas y cuando se acostaban me ponía a estudiar».
Transformación digital de la Justicia: una mujer orquesta
Hoy, Fabiola es una pieza clave en la transformación digital del Ministerio de Presidencia Justicia y Relaciones con las Cortes. Lo resume con humor: «Es como decir que soy la mujer orquesta en el ministerio». Trabaja con total confianza del secretario de Estado y del equipo directivo: «Aitor (Cubo) me deja hacer y deshacer… estoy encantada». Su papel es transversal: «Me meto en temas técnicos, en planes estratégicos, en presupuesto, fondos europeos y gabinetes».
El impacto real del servicio público
Para ella, lo más valioso es saber que su trabajo mejora la vida de la gente:
«Lo público es maravilloso… tu trabajo puede impactar en tu tía abuela, en tu padre» y por eso, si pudiera digitalizar un trámite de forma mágica, lo tiene claro: «Las ayudas económicas… es lo que más impacta en la ciudadanía».
La niña de los cables sigue ahí
A pesar de su responsabilidad actual, no ha perdido su esencia como aquella niña que soldaba con estaño: «Sigo rodeada de sensores, tengo mis plantas sensorizadas… espero que esa niña me acompañe toda la vida».
Un consejo para quienes opositan
Su mensaje final es tan honesto como inspirador: «Esto es una carrera de fondo… es más importante la constancia que la capacidad» y añade una advertencia necesaria:
«Que no vengan a acomodarse a lo público… hay que tener ganas de cambiar las cosas y mejorar la vida de las personas».