Otras multinacionales esperan también a conocer qué protección va a ofrecerles la Unión Europea para continuar con sus negocios en Irán. Y es que después de la vuelta de las sanciones económicas por la retirada de la Casa Blanca del acuerdo nuclear con el país lo que está en juego son las relaciones comerciales entre la UE y la República Islámica.
El proyecto SP11, donde la petrolera francesa controla el 50,1%, incluye una inversión de 4.800 millones de dólares y su producción está destinada al mercado iraní. Los gastos realizados hasta el momento ascienden a 47 millones de dólares, pero la compañía aclara que los objetivos de producción se mantienen intactos entre 2016 y 2022, dadas las oportunidades encontradas en los últimos meses.
En el comunicado remitido a las autoridades europeas, la compañía asegura que la situación podría suponer una pérdida de financiación por parte de los bancos estadounidenses en las operaciones globales, ya que el 90% de las operaciones de financiación de la multinacional implica a entidades de Estados Unidos. Además, alerta de que podrían perder hasta el 30% de sus accionistas, que también son estadounidenses.
Petropars, filial de la Compañía Nacional Iraní de Petróleo, controla el 19,9% del proyecto, al que se asoció también la Corporación Nacional del Petróleo de China, que tiene el 30% restante. El campo tiene unas expectativas de producción que ascienden hasta 56 millones de metros cúbicos de gas natural al día.