La tropa y marinería constituye, en palabras de Marco Antonio Gómez, presidente de la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME), son “la columna vertebral, la base donde se asientan las Fuerzas Armadas”. Su testimonio, cargado de experiencia y franqueza, ofrece una radiografía precisa del acceso, la vida profesional y los retos de este colectivo esencial.
Un proceso de acceso abierto, pero cada vez más exigente
El ingreso en tropa y marinería está abierto a cualquier ciudadano español mayor de edad. Gómez lo resume con claridad: “Hay que tener 18 años, no estar incurso en tema penal y tener el certificado de penales en regla”. A partir de ahí, el aspirante debe superar pruebas médicas, físicas y psicotécnicas, además de competir por nota en un sistema donde el nivel académico pesa cada vez más.
Según explica, “cada vez se presentan soldados con más niveles de estudio… incluso ingenieros”, lo que eleva las medias y endurece la competencia. Aunque las pruebas físicas siguen siendo obligatorias, “la física al final es apto o no apto”, mientras que la nota teórica es la que marca la diferencia.
La orientación: un papel clave para evitar errores
ATME no solo representa a los militares en activo, sino que también acompaña a quienes desean incorporarse. Gómez destaca que reciben “cientos y cientos de personas… jóvenes españoles a partir de los 18 años” que buscan información antes de dar el paso.
La asociación ha establecido convenios con academias para facilitar la preparación, y el presidente subraya la importancia de elegir bien: “Hay que tener muy claro qué es lo que queremos hacer… porque si luego uno no ha nacido para estar en caballería, mal; si uno no ha nacido para estar en la Marina, mal.”
Un perfil que cambia: del compromiso a la búsqueda de estabilidad
Uno de los puntos más contundentes de la entrevista es el cambio en el perfil del aspirante. Gómez lo explica sin rodeos: “El soldado marinero gana 1.326,90 euros netos… el perfil que viene son soldados que aguantan 5 o 6 años y marchan para ser policía local o guardia civil.”
La tropa y marinería se ha convertido, para muchos, en un trampolín hacia otros cuerpos de seguridad mejor remunerados y con estabilidad laboral. Esto provoca un envejecimiento acelerado de las unidades y una pérdida constante de personal joven.
Promoción interna: un camino cada vez más estrecho
Aunque existen vías para ascender a suboficial u oficial, la realidad es compleja. Gómez lo ilustra con una experiencia personal: “Hoy en día es más difícil ser militar de carrera en la escala de tropa… que ser sargento.”
Marco Antonio Gómez ATME: "Ninguna titulación militar tiene homologación en la vida civil…y eso no tiene sentido"
La permanencia —la posibilidad de continuar más allá de los 45 años— se ha convertido en un objetivo casi inalcanzable: “La nota de corte para la permanencia es brutal… el ministerio no quiere soldados permanentes.”
El gran problema: la falta de homologación de la formación militar
Uno de los aspectos más graves señalados por ATME es la ausencia de reconocimiento civil de la formación adquirida en las Fuerzas Armadas.
Gómez lo denuncia con contundencia: “Ninguna titulación militar tiene homologación en la vida civil… un mecánico que se pega estudiando más de 9 meses no puede trabajar como mecánico porque su título no es homologable.” y añade un ejemplo aún más llamativo: “Una persona que ha manejado todo tipo de armamento… no puede trabajar ni siquiera como guarda jurado.”
La consecuencia es devastadora: miles de militares abandonan el servicio a los 45 años sin una titulación válida para reinsertarse laboralmente.
Los 45 años: un drama silencioso
El límite de edad para la tropa y marinería es uno de los grandes caballos de batalla de ATME. Gómez lo describe como “auténticos dramas”, especialmente para quienes pasan a la situación de reservistas de especial disponibilidad:
“Se van a la calle con una asignación no contributiva de 758 euros brutos por más de veintitantos años de servicio.”
Y denuncia la falta de reconocimiento institucional: “Es un demérito servir en las Fuerzas Armadas porque no se nos reconoce nada.”
Conciliación: una teoría que no llega a la práctica
La conciliación familiar y laboral es otro punto crítico. Aunque existe sobre el papel, la realidad es distinta: “El papel lo aguanta todo… pero cuando bajamos a la realidad no funciona.”
Un consejo para quienes desean opositar
A pesar de las dificultades, Gómez anima a quienes sienten la vocación militar, pero con una advertencia clara: “Informarse bien de lo que quiere hacer… porque romper el primer compromiso es muy difícil.”
Y concluye con una reflexión que resume su visión: “Si uno no tiene claro dónde quiere estar, al final pierde el ejército y esa persona pierde su ilusión.”