La empresa justifica la medida por razones económicas, productivas y organizativas. Señala que en el actual contexto de mercado, la demanda de servicios sigue creciendo de forma exponencial y no así los precios: cerca del 50% de las altas brutas están asociadas con ofertas “low y medium cost”, lo que obliga a Vodafone a tener una estructura de costes preparada para competir con éxito en todos los segmentos. Esta situación ha llevado ya a caídas de los ingresos y del EBITDA en el primer semestre del actual ejercicio, reconoce la empresa.
Por otra parte, las actuales expectativas de los Clientes, que exigen una relación ágil, sencilla e inmediata, llevan a Vodafone a buscar un modelo organizativo más simplificado y que refuerce la coordinación y sinergias entre los equipos.
El objetivo de la empresa es revertir la evolución negativa del negocio, reforzar su sostenibilidad, proteger la capacidad de inversión y diseñar una organización más competitiva y mejor adaptada a lo que piden los clientes.
Vodafone dice que "es sensible al impacto de esta medida" y que abordará la negociación con la determinación de alcanzar con la representación social el mejor acuerdo posible tanto para los empleados como para la empresa.