La inteligencia artificial está empujando a las grandes tecnológicas hacia el espacio. Google y SpaceX negocian el desarrollo de centros de datos en órbita terrestre, un proyecto que podría transformar por completo la infraestructura digital mundial y abrir un nuevo negocio multimillonario alrededor de la IA.
La información, adelantada por The Wall Street Journal, apunta a conversaciones entre ambas compañías para desplegar infraestructura informática fuera de la Tierra. El proyecto formaría parte de “Suncatcher”, una iniciativa con la que Google estudia cómo aprovechar la energía solar en el espacio para alimentar sistemas de computación avanzados.
¿Qué buscan Google y SpaceX fuera de la Tierra?
La explosión de la inteligencia artificial está disparando el consumo energético de los centros de datos. Entrenar y operar modelos de IA requiere enormes cantidades de electricidad y sistemas de refrigeración cada vez más potentes. Las grandes tecnológicas buscan alternativas para evitar cuellos de botella energéticos y reducir costes a largo plazo.
En órbita, los paneles solares pueden captar mucha más energía que en la superficie terrestre y, además, el vacío espacial ofrece nuevas posibilidades para gestionar el calor generado por los servidores. Aparentemente, trasladar parte de la infraestructura digital al espacio para sostener la nueva economía de la inteligencia artificial es sinónimo de todo ventajas.
Sin embargo, el reto técnico sigue siendo gigantesco. Lanzar equipos al espacio continúa siendo extremadamente caro, los sistemas deben soportar radiación y condiciones extremas y cualquier fallo complicaría enormemente las tareas de mantenimiento y reparación.
Aun así, la idea encaja perfectamente con el momento que vive el sector tecnológico. La IA se ha convertido en el principal motor bursátil de Wall Street y empresas como Google, Microsoft, Amazon o Meta compiten por construir infraestructuras cada vez más potentes para no quedarse atrás en la carrera tecnológica.
Para SpaceX, además, el proyecto podría convertirse en un nuevo catalizador financiero antes de una futura salida a bolsa que muchos inversores esperan desde hace años. Convertir el espacio en la próxima gran plataforma informática del planeta podría elevar todavía más el valor estratégico de la compañía de Elon Musk.