La inteligencia artificial se juega su liderato y puede haber sorpasso de la startup china

El sector de la inteligencia artificial amanece hoy en estado de máxima tensión. Esta semana no es una cualquiera en el calendario tecnológico; es la semana en la que DeepSeek, la startup china que ya hizo temblar los cimientos de Nvidia el año pasado, presenta su esperada actualización V4. Y en Silicon Valley, los nervios están a flor de piel.​

A la espera de novedades desde Pekín, Sam Altman ha movido ficha para intentar recuperar el relato. Ayer domingo, OpenAI confirmaba el fichaje estrella de Peter Steinberger, el cerebro detrás de OpenClaw. Con este movimiento, Altman no solo busca talento, sino blindar su próxima frontera: los agentes personales. Es un mensaje claro a los inversores: busca transmitir que "siguen teniendo el mejor equipo", justo cuando la cuota de mercado de ChatGPT empieza a mostrar grietas frente a la competencia.

Pero el ambiente está algo más que caliente; está abrasador. OpenAI ha enviado un informe al Congreso de EE.UU. con una acusación que presagia una guerra comercial: sostienen que DeepSeek ha "atajado" el camino mediante técnicas de destilación.

Para que nos entendamos, básicamente, les acusan de haber entrenado sus modelos "copiando los apuntes" de los laboratorios estadounidenses para eludir sanciones y ahorrar costes. En términos económicos: una ventaja competitiva basada, presuntamente, en la propiedad intelectual ajena.

Si la actualización de DeepSeek que llega estos días cumple lo prometido en potencia de cálculo y bajo coste, podríamos ver un nuevo terremoto en el Nasdaq. Los mercados ya no solo miran los chips; miran quién es capaz de hacer más con menos. Y es que esa especie de guerra fría tecnológica no se libra en los despachos de estas empresas, sino en cada línea de código que cruza el Pacífico.