Elon Musk ha anunciado que SpaceX ha adquirido la startup de inteligencia artificial xAI en una operación histórica que une sus ambiciones en el espacio y la IA.

El Foco | El plan de Musk: Presencia humana en la Luna y Marte

Hoy ponemos el foco en la fusión entre SpaceX y xAI y la ambición de Elon Musk de conquistar el espacio.

El acuerdo valora la entidad ampliada en 1,25 billones de dólares: SpaceX en 1 billón de dólares y xAI en 250.000 millones.

La integración combina la empresa de cohetes y satélites con el desarrollador del chatbot Grok, en una de las alianzas más ambiciosas del sector tecnológico.

Los accionistas de xAI recibirán 0,1433 acciones de SpaceX por cada título, con la opción de cobrar en efectivo a 75,46 dólares por acción para algunos ejecutivos. Se espera que la empresa combinada fije el precio de sus acciones en torno a los 527 dólares.

El movimiento refuerza la llamada “Muskonomy”, que integra las compañías de Elon Musk, como Tesla, Neuralink y The Boring Company, y se produce mientras SpaceX prepara una posible salida a bolsa este año que podría superar los 1,5 billones de dólares.

No obstante, la operación podría atraer el escrutinio de reguladores por cuestiones de gobernanza, conflictos de interés y seguridad nacional, dado el peso de los contratos federales de SpaceX.

La conquista del espacio

La adquisición busca consolidar el ecosistema tecnológico de Musk y avanzar hacia la creación de infraestructura de IA en el espacio.

La IA moderna depende de grandes centros de datos terrestres que consumen enormes cantidades de energía y requieren refrigeración intensiva. Esta demanda no puede sostenerse a largo plazo en la Tierra. La computación basada en el espacio es la única solución viable. 

El espacio ofrece energía solar casi constante, abundante espacio físico y costos operativos mínimos. Una constelación inicial de un millón de satélites funcionando como centros de datos orbitales permitiría escalar la IA globalmente.

Hasta ahora, la capacidad de lanzamiento ha sido el principal límite. Incluso en el año con más actividad orbital, solo se colocaron unas 3000 toneladas en órbita. Sin embargo, programas como Starlink, de SpaceX, han demostrado cómo la necesidad de desplegar miles de satélites puede acelerar radicalmente la innovación en lanzamientos.

Con Starship, esta dinámica se amplifica: lanzamientos frecuentes de hasta 200 toneladas permitirán enviar millones de toneladas al espacio cada año.

Con solo un millón de toneladas anuales de satélites se añadirían 100 GW de capacidad de cómputo de IA por año, con costos operativos mínimos. En pocos años, la computación espacial podría convertirse en la opción más económica, impulsando avances científicos y tecnológicos sin precedentes.

El plan de Musk es todavía más ambicioso: Estas capacidades permitirán fabricar satélites en la Luna, desplegar enormes infraestructuras energéticas en el espacio profundo y financiar una presencia humana permanente en la Luna y Marte, sentando las bases para la expansión de la humanidad más allá de la Tierra.