La salida a bolsa más esperada del planeta ya tiene fecha sobre la mesa. SpaceX, la compañía espacial fundada por Elon Musk, prepara su debut en el Nasdaq en una operación que puede marcar un antes y un después en Wall Street.

La empresa apunta al 12 de junio para empezar a cotizar bajo el símbolo SPCX, con la fijación del precio prevista para el día anterior. La operación, si se confirma en los términos publicados, podría convertirse en una de las mayores salidas a bolsa de la historia.

Una valoración de vértigo

SpaceX buscaría captar alrededor de 75.000 millones de dólares y alcanzar una valoración cercana a 1,75 billones de dólares. Una cifra que situaría a la compañía en la élite mundial de las grandes tecnológicas cotizadas, junto a gigantes como Nvidia, Apple, Microsoft, Alphabet o Amazon.

El movimiento llega después de que los accionistas hayan aprobado un split de cinco acciones por una, una división de títulos que rebaja el precio de referencia de cada acción y facilita el acceso de más inversores antes del estreno bursátil.

Aunque SpaceX nació ligada a los cohetes reutilizables y a la exploración espacial, el gran atractivo para el mercado puede estar en Starlink, su negocio de internet por satélite.

La red de satélites se ha convertido en una pieza clave para ofrecer conexión en zonas remotas, barcos, aviones, regiones en conflicto y territorios donde la infraestructura terrestre no llega. Para muchos analistas, Starlink es el activo que puede justificar buena parte de las expectativas que rodean a la compañía.

Si el calendario no cambia, el 11 de junio se fijaría el precio y el 12 de junio SpaceX empezaría a cotizar en el Nasdaq

¿Empresa espacial o gigante de infraestructura?

La gran pregunta para los inversores es qué están comprando realmente. SpaceX no es solo una empresa de lanzamientos espaciales. También es una compañía de comunicaciones, defensa, conectividad global e infraestructura tecnológica crítica.

En plena fiebre por la inteligencia artificial, los datos y la nueva economía espacial, el mercado mira a SpaceX como una posible puerta de entrada a sectores que pueden crecer durante décadas.

Pero la operación también plantea dudas. La primera es el precio. Una valoración de 1,75 billones de dólares exige expectativas extraordinarias de crecimiento futuro.

La segunda es el gobierno corporativo. Como ocurre en otras empresas vinculadas a Elon Musk, los inversores tendrán que valorar hasta qué punto están dispuestos a aceptar una estructura de poder muy concentrada.

Y la tercera es el propio momento de mercado. Wall Street vuelve a mostrar apetito por grandes salidas a bolsa, especialmente en tecnología, inteligencia artificial, defensa y datos. Pero una OPV de este tamaño será una prueba de fuego.

La primera ficha de una nueva oleada de OPV

El debut de SpaceX podría ser mucho más que una operación aislada. Si funciona, puede abrir la puerta a una nueva oleada de salidas a bolsa de grandes compañías privadas de tecnología: inteligencia artificial, infraestructura digital, energía, defensa y espacio.

Nombres como OpenAI, Anthropic y otras empresas de alto crecimiento observan el mercado con atención. SpaceX podría ser la primera gran ficha de dominó.