Es ya el eslogan de este Gobierno, o más bien de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Su gran apuesta política pasa por seguir subiendo el salario mínimo interprofesional y ahora, a contrarreloj de las elecciones, ha vuelto al centro del debate.
Yolanda Díaz vuelve a la carga y propone elevar el SMI hasta unos 1.282 euros mensuales en 2027 antes de las elecciones del 29 de noviembre.
Ajustar las cuentas a final de mes se ha convertido en una disciplina financiera de alta precisión para millones de hogares en España. Y más con el IPC disparado y rozando el 5%. Y es que también es del 5% la subida que propone el Ministerio de Trabajo, un incremento que haría pasar de los 1221 euros brutos actuales a los 1.282, una cifra que el Gobierno buscaría aprobar antes de las elecciones ante un eventual relevo.
Aun así, la subida se sitúa por debajo del 7 % que reclaman CCOO y UGT, cuya propuesta llevaría el salario mínimo hasta los 18.298 euros brutos anuales, unos 1.307 euros al mes en 14 pagas. Los sindicatos han vuelto a plantar cara a la CEOE de Garamendi, quien de manera continuada se viene mostrando reacio a estas medidas. Díaz ya ha pedido a las empresas que suban los salarios y advierte de que no todo el esfuerzo puede recaer sobre el SMI.
El SMI es ya el salario más frecuente
De ahí que la radiografía del mercado laboral refleje una anomalía persistente con el salario más frecuente situándose en torno a los 16.500 euros brutos al año.
Es decir, las subidas del SMI han logrado empujar el suelo salarial hacia arriba, pero el resultado colateral es una enorme masa de trabajadores aglutinada justo en esa franja de entre 16.000 y 17.000 euros. Se ha creado un embudo salarial donde la diferencia entre puestos con distinta exigencia, responsabilidad o cualificación se vuelve casi invisible.
Un salario medio lejos de la media europea
Es frecuente confundir el salario medio con el mediano, pero ojo porque no representan lo mismo. El salario mediano señala el punto medio real, es decir, la mitad de la población cobra más de esa cifra y la otra mitad menos. En cambio, el salario medio es el resultado de la suma de todos los sueldos repartida equitativamente entre los trabajadores.
Y si nos fijamos en ese sueldo medio, situado en torno a 29.540 euros al año, propuestas políticas como la del PP de fijar una meta a 8 años vista para llevar el salario medio a 50.000 euros anuales despiertan tanto ambición como escepticismo en un país que sigue muy lejos de los casi 40.000 euros de media europea.
La baja productividad se sitúa entre las causas principales que explicarían esa brecha salarial con nuestros vecinos europeos, además de un tejido empresarial atomizado en pymes. Las cifras lo reflejan claramente: mientras que en Francia el sueldo medio supera los 41.000 euros anuales, en Alemania roza los 60.000. A este desfase con Europa se suma una brecha interna persistente, las mujeres en España siguen cobrando de media unos 5.000 euros menos al año que los hombres.
Al final, la idea es clara: subir el salario mínimo evita que la clase trabajadora pierda poder adquisitivo, pero no puede ser la única baza. Si los sueldos suben por decreto mientras la economía y la productividad siguen estancadas, la clase media acaba desinflándose. Por eso, al igual que ocurre con la vivienda, mejorar los sueldos de forma real sigue siendo una de las muchas asignaturas pendientes de nuestro país.
