No se habla de otra cosa en los mercados. Elon Musk y su empresa aeroespacial SpaceX son los claros protagonistas de este viernes. Y no es para menos, porque hoy ha llegado el día de ese tan ansiado debut bursátil.
Hoy miles de empleados de SpaceX que poseen acciones de la compañía podrán acceder fácilmente a fortunas que les cambiarán la vida. ¿Es necesario “aprender” a ser rico o uno ya sabe lo que debe hacer?
La compañía fijaba a última hora del jueves el precio definitivo de su oferta pública de venta en nada menos que 135 dólares por acción. Con esta valoración y con un total de 555 millones de acciones, le ha permitido a la empresa del hombre más rico del mundo captar unos 75.000 millones de dólares. Supera, por tanto, el record anterior y ya es la mayor salida a bolsa de la historia. Más de 4.400 empleados y exempleados de SpaceX pasarán a ser millonarios gracias al debut bursátil de la compañía.
Lo de que Elon Musk es rico ya lo sabíamos, pero ojo a sus empleados... porque una de las preocupaciones más importantes de este acontecimiento bursátil no ha sido para Wall Street, sino para su propia plantilla.
Y es que los empleados de SpaceX han recibido un curso intensivo sobre cómo los ricos manejan el dinero. Sí, has oído bien. Miles de trabajadores que poseen acciones de la compañía podrán acceder a fortunas que les cambiarán la vida tras la salida a bolsa. Parece un cuento de hadas, ¿no? Despertar una mañana y descubrir que eres millonario. Sin embargo, hay quienes ven en la riqueza el peligro de caer en un consumismo sin frenos.
¿Está todo el mundo preparado para ser millonario?
De repente, algo que parecía abstracto adquiere un valor visible, público y actualizable cada segundo. Y con ello aparece una pregunta que rara vez ocupa titulares: ¿Es necesario “aprender” a ser rico o uno ya sabe qué hacer con una cantidad de dinero que nunca había imaginado tener? Para evitar eso Spacex ha estado ofreciendo formación financiera a empleados con participaciones en la empresa. No para enseñarles cómo hacerse ricos, sino para enseñarles qué suele ocurrir después.
La imagen resulta casi irónica. Durante años, la compañía ha reunido a algunas de las mentes más brillantes del mundo para resolver problemas de física, ingeniería y exploración espacial. Sin embargo, la riqueza repentina plantea desafíos completamente distintos porque saber diseñar un motor de cohete no implica saber gestionar varios millones de dólares concentrados en una sola acción.
Pero el dinero no es solo el privilegio, sino ser partícipe de cursos que amplíen nuestra educación financiera. Porque seamos sinceros, nos sacan de las cuentas para hacer la compra, y muchos, nos perdemos.
Sin embargo, para los asesores financieros que participan en estos cursos, el dinero inesperado es más bien el comienzo de una nueva etapa llena de decisiones, a priori difíciles. ¿Cuánto vender? ¿Cuándo hacerlo? ¿Esperar a que suba más la acción? La variedad de respuestas responde a otro factor muy humano, y es si sabemos realmente cuándo parar de ganar dinero o el ser humano es avaricioso por naturaleza.
La noticia, en el fondo, habla de un fenómeno cada vez más frecuente en la economía tecnológica. Las empresas crean riqueza a una velocidad enorme, pero el conocimiento para gestionarla no crece al mismo ritmo. Se forman ingenieros, programadores y científicos extraordinarios, pero muy pocos reciben formación para afrontar el momento en que el patrimonio acumulado durante años se materializa de golpe.
Por eso la salida a bolsa de SpaceX y su curso de educación financiera ha abierto los ojos a esta otra incógnita de la sociedad actual, porque mientras los inversores observan si la acción sube o baja, miles de empleados se enfrentan a una cuestión mucho más personal: lograr que el mayor hito financiero de sus vidas no termine en un absoluto desastre.
Nos guste o no, administrar esa riqueza es toda una habilidad. Y SpaceX parece haber entendido que el día en que una empresa despega en bolsa también puede ser el día en que muchos de sus empleados necesiten aprender a aterrizar.
