La Conferencia de Seguridad de Múnich de 2026 se desarrolla en un contexto de creciente tensión entre Estados Unidos y Europa, donde la figura del presidente estadounidense se ha convertido en "una especie de bola de demolición de todo lo que los europeos estaban trabajando", según reconocen los propios funcionarios del evento en su informe previo.
Según Antonio Fonfría, experto en análisis estratégico militar, la posición estadounidense es compleja pero tiene objetivos claros: "Estados Unidos quiere que Europa sea totalmente autónoma en términos militares, lo cual le permitiría rebajar su presencia dentro de Europa con fuerzas y material, y también focalizarse en el Indo-Pacífico, que es su zona fundamental".
La Conferencia de Seguridad de Múnich refleja la creciente tensión transatlántica mientras Estados Unidos busca redefinir su relación con Europa.
Un año de relaciones deterioradas
El deterioro comenzó hace exactamente un año cuando el vicepresidente JD Vance sorprendió a los aliados europeos con declaraciones controvertidas. Desde entonces, la relación transatlántica ha sufrido numerosos reveses: aranceles estadounidenses a productos europeos, un fallido intento de acuerdo de paz para Ucrania que favorecía las posiciones rusas, amenazas de arrebatar Groenlandia a Dinamarca, y burlas a los líderes europeos en Davos, donde afirmó que "Europa no sería nada sin los Estados Unidos".
Sin embargo, esta autonomía tiene un precio. "Quiere algo que es económicamente rentable: que los países europeos pongamos más dinero en defensa, con el objetivo de que le compremos a Estados Unidos buena parte de los materiales", explica Fonfría, quien señala que Europa ya adquiere hasta un 60% de su equipamiento militar a Estados Unidos debido a limitaciones tecnológicas propias.
La tensión sobre Groenlandia sigue siendo relevante, aunque se ha relajado en las últimas semanas. Fonfría identifica tres factores estratégicos clave en juego: "La capacidad de poner bases militares; la posibilidad de que haya muchos minerales y materias primas; y las dos rutas, la del norte y la del sur, que pueden hacer cuello de botella entre Groenlandia, Islandia y el norte de Estados Unidos".
Esta zona resulta especialmente importante porque "es parte de la entrada y salida de submarinos nucleares rusos", lo que explica el interés persistente de Washington.
