Llegó a las puertas de una crisis financiera que hundió a la economía mundial y se va con otra en el horizonte entre guerras e interrupciones en las cadenas de suministro mundiales. Sacyr abandona 16 años después de su amerizaje el accionariado de Repsol. Ha cumplido con lo que quería y se ha deshecho de lo que le quedaba este lunes: un 2,9% del capital.

Los inversores se han tomado bien la operación, pero ¿a partir de ahora qué?

Escucha la historia completa en este podcast de Mercado Abierto:

Fin de la batalla a una guerra en el IBEX: Sacyr abandona Repsol

La constructora entró en la petrolera en plena crisis de las hipotecas subprime y la abandona mientras los expertos dicen que se gesta la siguiente, ¿qué implicaciones tiene la operación?

Esperando a la recuperación del petróleo y con Repsol acercándose a máximos, Sacyr abandona las posiciones en el crudo español pese a que, por delante, todavía le quede recorrido.

Analistas como Victoria Torre, de Singular Bank, otorgan a la de Josu Jon Imaz un potencial del 6%, es decir, dejarían el título en el entorno de 16€/acción y de este rally Sacyr se descuelga porque no le ve más oportunidad de la ya aprovechada a la de combustibles fósiles.

Allá por 2006 fue cuando Luis del Rivero, desde la filas de dirección de la constructora, dio al mercado el golpe de efecto que esperaba (y necesitaba).

Con su desembarco, la constructora dio el primer paso para que Sacyr pase de e construcción y servicios a gran conglomerado industrial.

Los planes del ejecutivo español pasaban, ya por aquel entonces, por controlar y controlar hasta elevar la participación hasta el 15% aunque llegó diciendo que, de momento, solo aspiraban a controlar un tímido 10% con el que ir molestando a la firma y guiando a la petrolera según los intereses que ellos tenían en el mercado.

¿Por qué este 10%? Porque según los estatutos de la energética, eran los derechos mínimos que tiene que ostentar un accionista. Sacyr entró en Repsol por la puerta grande. Lo hizo de la mano de La Caixa con quienes, en la práctica, formaron un muro de contención del 26% que permitía, a quien más quien menos, blindar a la petrolera de un intento de compra que nadie hubiera pedido

Seguimos en 2006. Sacyr tenía en cartera el 5,004% y se había asegurado coberturas con el Banco Santander para el resto. El precio medio de la operación por título en los 25,32€/acción, esto es, una inversión de casi 3.000 millones de euros.

En este año, Sacyr eleva la participación al 9,95% para poco después dejarla sobre el 20% y después irla reduciendo al 10% en 2011 y al 8,2% en 2017.

Una relación que con el tiempo se enfrió. En octubre del año pasado saltaban las primeras señales de alarma después de que Sacyr dejara de convertirse en el accionista de referencia de la energética tras decidir o renovar la parte de los derivados que habían vencido. Algo parecido a lo que ha sucedido hoy.

En octubre fue cuando la hispano-argentina bajó del 8% del capital que tenía en la petrolera al 3,97% culminando así la historia de relación tras década y media.

La participación que Sacyr tenía en Repsol dejaba entonces de ser esencial para la compañía una vez que su estrategia se pasó a centrar en el negocio concesional, la construcción y los servicios.

La participación de Repsol era simplemente financiera y la situación no tenía nada que ver con la de hace 15 años. La compañía no dependía ya tampoco de los dividendos que le aporta Repsol por lo que se decisión fue la de no renovar los derivados que tenía firmados con el Banco Santander, Société General y JP Morgan.

Entonces, el primer accionista de la compañía dejaba de ser español para estar en manos del capital extranjero.

Fin del divorcio

Viendo esto hoy se pone fin a 16 años. Un adiós y, en principio, para siempre entre las presunciones de los directivos, tanto de Sacyr como de Repsol, en el caso Villarejo que investiga la Audiencia Nacional y en el que el juez investiga la contratación por parte de Repsol y Caixabank del excomisario de la Policía Nacional para intentar frenar la operación de la constructora, que intentó tomar el control de la petrolera en 2011

Un final esperado, nos lo decía esta mañana en Capital, La Bolsa y La Vida, Nicolás Fernández, director de análisis del Banco Sabadell. La venta tiene un objetivo claro.

Reducir parte de la deuda asociada a las acciones en Repsol que actuaban como cobertura de la participación hasta en 563 millones de euros. Pero el plan de desinversión supone también seguir la senda hacia uno de los objetivos del Plan Estratégico hasta 2025 de la constructora, que es mejorar la visibilidad del balance y la previsibilidad de la cuenta de resultados de la compañía.

La idea es ahora centrarse en su negocio propio. Cumplir esta hoja de ruta estratégica y consolidarse como un desarrollador y operador de concesiones líder a nivel global.

Así las cosas, en el comunicado remitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Sacyr ha incrementado el patrimonio de la sociedad en 40 millones de euros. Con esta situación,

¿La constructora en el IBEX?

Sacyr ha recordado que, gracias a este plan, reforzará su perfil concesional, que ahora aporta el 83% del resultado bruto de explotación (EBITDA); reducirá la deuda con recurso, a lo que contribuye también esta operación), y aumentará la retribución al accionista.

Con estos mimbres Sacyr abandona Repsol a su suerte. Una firma en la que entró a las puertas de la gran crisis financiera de 2008 y de la que se va con una recesión en ciernes que poco a poco irá cogiendo forma, como nos dicen desde GPM, pero que Sacyr quiere evadir dejando la energía de lado, firmando el divorcio. Desde este lunes, se acaba toda la pirotecnia tras 16 años de un matrimonio poco bien avenido.