Luis Miguel Olivas, ingeniero de telecomunicación y experto en transformación, innovación y desarrollo de personas y CEO de Olivas Big Impact, regresó a Cibercotizante para reflexionar sobre la estrategia y la transformación organizativa en el mundo digital.
Desde el inicio, dejó claro que su visión parte de una premisa esencial: «La tecnología puede acelerar el cambio, pero no son las personas. Su actitud y su capacidad para convertir los noes en síes es lo que realmente hace que las cosas pasen». Tras quince años en Telefónica y proyectos tan disruptivos como Campus 42, Olivas ha construido una mirada privilegiada sobre cómo cambian las organizaciones y cómo deberían cambiar.
Durante la conversación explicó que hoy las empresas avanzan «a dos velocidades». Algunas han entendido que la transformación es estratégica y afecta directamente al modelo de negocio, mientras que otras siguen lanzando iniciativas aisladas que no modifican su cultura ni su forma de trabajar. Lo resumió con precisión: «Por muchos proyectos que pueda tener una empresa de transformación, puede que la empresa siga siendo la misma». Para él, digitalizar no es comprar herramientas, sino cambiar mentalidades, métodos y relaciones laborales.
Olivas identificó cuatro grandes tendencias que ya están definiendo el futuro empresarial. La primera es crecer desde las capacidades propias, buscando nuevos clientes y productos. La segunda, la incorporación inteligente de la IA: «Hay que introducir la inteligencia artificial con criterio, con sentido y en busca de un objetivo». La tercera es la colaboración, cada vez más habitual en forma de alianzas y UTEs: «Esa colaboración público-privada te hace ir mucho más rápido». Y la cuarta, el propósito: «El usuario se acerca a las marcas no solo por la calidad del producto, sino por el propósito que tienen detrás».
Luis Miguel Olivas: "La IA nos va a ayudar a ser más rápidos y más eficientes, pero también está permitiéndonos cambiar la forma de trabajar"
La inteligencia artificial, explicó, no solo acelera tareas, sino que transforma la cultura de trabajo. «La IA nos va a ayudar a ser más rápidos y más eficientes, pero también está permitiéndonos cambiar la forma de trabajar». Puso como ejemplo un departamento comercial que utiliza IA para resumir reuniones, identificar problemas del cliente, conectar oportunidades con soluciones internas, generar propuestas personalizadas y actualizar el CRM automáticamente.
Ese rediseño permite multiplicar la capacidad de atención y acelerar procesos que antes eran lentos y manuales. Sin embargo, advirtió que «estamos en una fase muy desigual» y que muchas empresas usan IA sin estrategia, como si fuera un accesorio más.
Uno de los puntos más relevantes fue su reflexión sobre la gobernanza. «Una mala gobernanza ralentiza y te hunde», afirmó, recordando casos en los que para aprobar un presupuesto pequeño se necesitaban cinco niveles jerárquicos. En cambio, una buena gobernanza «aporta claridad, fija límites y permite que los equipos avancen con seguridad». Para él, la gobernanza es un acelerador cuando está bien diseñada y un freno cuando se convierte en burocracia.
Olivas también habló del liderazgo necesario para esta nueva etapa. «Necesitamos una dirección que genere confianza, que sea ejemplo, que tenga capacidad de escucha y de hacer buenas preguntas». Pero, sobre todo, líderes valientes: «Tiene que ser valiente para tomar decisiones».
Decisiones que no siempre consisten en hacer más, sino en dejar de hacer lo que ya no aporta valor: «Nos cuesta mucho dejar de hacer cosas». Y añadió que un CEO no puede controlar todo: «El CEO no puede estar metido en todo… entonces la empresa no avanza».
En materia de talento y formación, Olivas fue claro: «La velocidad del cambio no la estamos viendo en los sistemas de educación». Las empresas necesitan profesionales autónomos, flexibles, capaces de resolver problemas reales y trabajar en entornos de incertidumbre. La formación debe ser práctica, dinámica y orientada a proyectos, no a memorizar contenidos que caducan rápido. «Tenemos que acompañar a las empresas a quitarse los miedos», dijo, subrayando que el miedo es hoy una de las mayores barreras para innovar.
Antes de cerrar, identificó tres errores recurrentes en las organizaciones: «Enamorarse de la idea antes de validar si existe el problema», «lanzar ideas sin responsable claro, sin recursos y sin objetivos» e «intentar lanzar nuevos negocios con las reglas del pasado». Para él, diseñar el futuro con mentalidad de 2010 es un riesgo que muchas empresas siguen cometiendo.
