Bulgaria, el último país en adoptar el euro este enero, atraviesa una grave crisis política tras la dimisión del presidente Rumen Radev, un hecho sin precedentes en su historia reciente. Esta renuncia coincide con los primeros pasos del país en la Unión Monetaria y profundiza una inestabilidad que ha llevado a Bulgaria a enfrentar múltiples elecciones en los últimos años.
En Mercado Abierto, Rocío Arviza conversa con Aurelio García del Barrio sobre la situación actual de Bulgaria, el último país en adoptar el euro. Se analiza la crisis política marcada por la dimisión del presidente Rumen Radev y el impacto de la inestabilidad en la economía búlgara.
Una crisis política que se agrava
La renuncia de Radev se produce en un contexto de profunda inestabilidad política. Ilyana Yotova asumirá el cargo de forma interina hasta las próximas elecciones, que serían las octavas desde 2021.
En diciembre de 2025, el gobierno del primer ministro Rosen Zhelyazkov ya había dimitido tras semanas de protestas multitudinarias desencadenadas por un presupuesto impopular y acusaciones de corrupción sistémica.
"Las protestas que llegaron a reunir a decenas de miles de personas en varias ciudades, al final lo que reflejan es la frustración generalizada que tiene la ciudadanía contra la corrupción, los oligopolios políticos y la falta de respuesta de las élites tradicionales", explica Aurelio García del Barrio, director del Global MBA del IEB.
La adopción del euro en un momento crítico
El 1 de enero de 2025, Bulgaria adoptó oficialmente el euro como moneda, convirtiéndose en el vigésimo primer miembro de la Unión Monetaria Europea.
Esta transición genera opiniones divididas entre los búlgaros, muchos de los cuales expresan preocupación por posibles aumentos de precios y pérdida de poder adquisitivo, mientras otros lo ven como una oportunidad para reforzar la estabilidad económica.
La dimisión de Radev no ha sorprendido a la opinión pública búlgara, ya que se especulaba con su intención de liderar un nuevo proyecto político de cara a las elecciones legislativas previstas para primavera. Con una popularidad del 44% según las encuestas, el ahora expresidente podría convertir su respaldo personal en una fuerza política directa.
El perfil político de Radev
Radev se define como una figura de centroizquierda o izquierda moderada, con apoyo histórico del Partido Socialista de Bulgaria aunque sin adscripción partidista formal. Su discurso se centra en la lucha contra la corrupción y el oligopolio político.
"Radev se define generalmente como una figura política de centroizquierda o una izquierda moderada, con apoyo histórico del Partido Socialista de Bulgaria, aunque ha procurado mantener una imagen de no tener ninguna adscripción partidista formal", señala García del Barrio.
En el espectro geopolítico, mantiene una posición equilibrada entre Occidente (UE y OTAN) y Rusia, sin romper alianzas pero cuestionando enfoques que considera perjudiciales para Bulgaria.
Bulgaria en la UE: expectativas incumplidas
Tras 19 años como miembro de la Unión Europea, Bulgaria no ha experimentado toda la estabilidad y bienestar que sus ciudadanos esperaban. Aunque la pertenencia a la UE ha aportado crecimiento económico sostenido, fondos para infraestructuras y libertad de movimiento, sigue siendo el país más pobre de la Unión en términos de renta per cápita.
La corrupción persistente y la sensación de que los fondos europeos han beneficiado principalmente a las élites han minado la confianza en Bruselas. "Desde el 2001 hemos tenido una elección tras otra con gobiernos débiles, pérdidas de expectativas, porque cuando Bulgaria entró en la Unión, la promesa era de estabilidad, de prosperidad y de normalidad", destaca el experto.
Economía búlgara: fortalezas y desafíos
A nivel macroeconómico, Bulgaria presenta indicadores relativamente positivos. El crecimiento del PIB fue del 3% el año pasado, con una ligera moderación prevista para este año. La inflación se mantiene en niveles moderados (3-4%) y el desempleo es bajo (4%), mientras que la deuda pública se sitúa por debajo del 30% del PIB.
Los pilares económicos incluyen el consumo interno como principal motor del crecimiento, una industria manufacturera significativa, y un sector servicios que representa más de la mitad del PIB. El turismo se ha recuperado tras la pandemia y el sector financiero muestra un desarrollo interesante.
Sin embargo, los retos persisten: Bulgaria mantiene uno de los ingresos per cápita más bajos de la UE, con altos niveles de riesgo de pobreza y desigualdad. El crecimiento económico depende excesivamente del consumo interno más que de exportaciones o inversiones productivas de alto valor añadido.
El país se enfrenta ahora al desafío de transformar su economía y política para cumplir las expectativas de sus ciudadanos, mientras navega por una transición monetaria y una profunda crisis política que determinará su rumbo en los próximos años.