A varias semanas del inicio de la guerra y con el estrecho de Ormuz convertido en un cuello de botella crítico para el transporte de crudo y gas, la industria de los fertilizantes enfrenta una crisis que podría disparar los precios hasta un 200%, con consecuencias directas en la industria alimentaria española.
Según un estudio de la consultora Roland Berger, la urea ya ha experimentado un crecimiento del 45% en el último mes y un 80% comparado con el mismo período del año pasado, alcanzando casi 700 dólares por tonelada.
Hablamos de los precios de los fertilizantes con Fernando López de los Mozos, senior partner de Roland Berger en Iberia y responsable del sector Agroindustria, Bienes de Consumo y Retail.
Fernando López de los Mozos, senior partner de Roland Berger en Iberia y responsable del sector Agroindustria, Bienes de Consumo y Retail, explica que "si hacemos la comparativa del 2021-2022 en el que los precios pasaron a 900 euros por tonelada y que fue un incremento del 200%, pues claramente estamos hablando de un porcentaje bastante relevante".
El estrecho de Ormuz: punto clave para los fertilizantes
El estrecho de Ormuz es fundamental para el transporte de fertilizantes, ya que "prácticamente el 40% de todos los fertilizantes nitrogenados de los cuales se basa la urea utilizan el estrecho de Ormuz para poder desplazarse y poder llegar a España", señala López de los Mozos.
Además, el incremento del coste del gas también impacta en el coste de producción de estos fertilizantes nitrogenados, creando "un doble efecto: por un lado no hay producto y por otro lado cada vez cuesta más fabricar este proceso de fertilizante nitrogenado".
La urea es el fertilizante nitrogenado más utilizado del mundo, mientras que el azufre es una materia prima esencial para la producción de fertilizantes fosfatados. La duración del conflicto será determinante para la magnitud de la crisis.
Escenarios de impacto económico
López de los Mozos advierte que "si nos vamos a un escenario de más de seis meses, nosotros estamos viendo que el impacto podría llegar a superar estos 900 dólares por tonelada y estar más en los 1.200 dólares por tonelada".
Las consecuencias económicas serían devastadoras: "la crisis del 21-22 España asumió más de 25 mil millones de dólares adicionales en importaciones agroalimentarias por este incremento de precios. Por lo tanto, si nos vamos a 1.200 dólares por tonelada, que es una salvajada, pues estaríamos cerca de los 33 mil millones de dólares adicionales que tendríamos que incorporar en las importaciones alimentarias".
La situación se agrava porque "coincide con el momento de abonado de cobertera de abril para las cosechas de otoño, es cuando más consumo de fertilizante el agricultor necesita para poder nutrir a la planta".
Impacto en cultivos específicos
En cultivos de invernadero como tomate, pimiento o pepino, los fertilizantes representan entre un 15 y un 25% de los costes. Un incremento del 40-50% de fertilizante se traduciría en un incremento del 6-12% de los costes totales.
Los productos más afectados serían los cereales como trigo, maíz o cebada, que representan "el 30, casi 35% de los costes de producción", junto con cultivos herbáceos, oleaginosas y hortalizas extensivas como lechuga, brócoli y coliflor.
Los fitosanitarios también se verían afectados, aunque en menor medida, ya que "utilizan procesos químicos que son intensivos en gases". Sin embargo, las soluciones biológicas presentan menor vulnerabilidad por ser "menos dependientes de estas cadenas logísticas" y utilizar extractos de algas, extractos botánicos y ácidos húmicos.
Situación actual del mercado
Aunque el mercado de exportaciones no es completamente nulo, "durante dos semanas fue prácticamente nulo, cero". España, como país netamente importador que "importa 2 mil millones de euros en fertilizantes al año", tiene reservas limitadas de "unas cuatro o seis semanas de consumo", que son "completamente ineficientes o insuficientes" si la crisis se extiende.
El mercado español de Agroinsumos mueve unos 5.600 millones de euros, donde los fertilizantes representan el 45-50% del mercado, los fitosanitarios un 15% y los productos de salud vegetal un 10%.
Los pequeños agricultores, los más vulnerables
López de los Mozos destaca que "los pequeños agricultores son los que más van a sufrir". España "desde 2021 está perdiendo aproximadamente unos 500-700 mil agricultores al año" y estos pequeños productores "tienen que asumir un incremento de costes, en ocasiones más del 50%".
Su vulnerabilidad se debe a que "no tienen capacidad de almacenamiento, por lo tanto van a tener que comprar siempre en los momentos pico de precio" y "tampoco tienen un músculo financiero relevante".
Cuando el agricultor pequeño no tiene certidumbre sobre la rentabilidad, "decide no producir, el volumen que se pondrá en el mercado será mucho menor. Y este es el traslado de precio que impactará directamente a todos nosotros cuando vayamos al supermercado. Porque en agricultura no olvidemos que el precio lo marca la oferta, no la demanda".
En cuanto a la distribución, España presenta una alta fragmentación con unos 700 distribuidores, comparado con cinco en Francia y cuatro en Alemania. Esta crisis podría acelerar la consolidación del sector, ya que "aquellos distribuidores que tengan un perfil más grande serán menos vulnerables y por lo tanto serán capaces de capturar más cuota de mercado".
La crisis de los fertilizantes por el cierre del estrecho de Ormuz se perfila como un desafío mayor que el vivido tras la pandemia y el inicio de la guerra en Ucrania, con consecuencias que se extenderán desde los campos de cultivo hasta los supermercados españoles, afectando especialmente a los eslabones más débiles de la cadena agroalimentaria.