Son preguntas que se han hecho muchos economistas, sociólogos y psicólogos. Pedro Rey Biel, profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona, tiene algunas respuestas. Y tiene algo muy claro: “un economista serio no compraría un décimo de Lotería, ya que es una inversión ruinosa”. Y es que, apunta Rey, “la probabilidad de ganar más de lo que se gasta en la Lotería es de menos de un 5%”. El caso es que los economistas, como cualquier otro ciudadano, también comprar décimos; aunque reconoce Rey, lo hacen “con remordimiento”.
Envidia preventiva
Lo hacen, en realidad, porque es un hábito social y una tradición. Y por algo que algunos sociólogos llaman la “envidia preventiva”, explica el economista. El ciudadano se pregunta: “¿y si no compro y le toca a otros y a mí no?”. Uno de los mensajes que usan las campañas de la Lotería de Navidad tiene que ver con ello y apela a este sentimiento: “Y si toca aquí?”. “A nadie le gusta convertirse en el envidioso al que no le ha tocado la Lotería”, dice Rey, que es además uno de los autores del blog "Nada es gratis".
Además, influye el elemento anecdótico. Nos autoconvencemos de que debemos comprar Lotería y lo justificamos aún más cuando a alguien de nuestro entorno le ha tocado. “A mi suegra le tocó hace unos años la Lotería de Navidad y eso incrementó el consumo de Lotería de toda la familia”.
Lo mismo ocurre cuando uno gran premio de la Lotería “cae” en una administración determinada. El establecimiento lo utiliza para hacerse publicidad. Algo que le ayuda “a vender más billetes” y, de esta manera aumentan la probabilidad de que vuelva a tocar en la misma administración. Además, explica Rey, muchas de estas administraciones compran “muy poca cantidad de muchos números diferentes de Lotería” y de esa manera incrementan también la probabilidad de obtener más premios.