Muy pocos países se salvan de formar parte de este entramado de falsificaciones, ya sea como zona de producción o de tránsito de los productos. Pero es en los países emergentes donde el pirateo es mayor, porque no tienen instituciones que luchen contra el fraude. En concreto, China es el mayor productor de mercancías falsas.
El informe se basa en el análisis de casi medio millón de incautaciones en los controles de aduanas de todo el mundo, entre 2011 y 2013. Si se echa la vista atrás, las falsificaciones han aumentado en cinco años. En 2008 la OCDE presentó un informe similar, en el que destacaba que estos productos suponían el 1,9% de las importaciones mundiales. Un 0,6% menos, aunque los datos eran más limitados.
Lo que más se copia son los zapatas. También es habitual ver productos falsos de prendas de ropa, bolsos, perfumes o tecnología. Pero ningún producto se salva de ser falsificado, incluso alimentos como las fresas o los plátanos. En algunos casos suponen un peligro para la sociedad, como por ejemplo de piezas de coche defectuosas, juguetes para niños o medicamentos.
No se incluyen los productos informáticos que se piratean, porque no son tangibles.