La automatización mediante IA está entrando en el corazón del trabajo cualificado. En conversación con Capital Radio, Laurine Pividal, economista de Coface para el sur de Europa, desgrana los hallazgos de un estudio elaborado junto al Observatorio de Empleos Amenazados y Emergentes (OEM) que mapea la exposición laboral a la IA por tareas y profesiones.
¿Cuál es la idea de este estudio? ¿En qué posición está España?
Hoy recibimos a Laurine Pividal, economista de Coface para el sur de Europa. ¿Cómo puede afectar la inteligencia articial al empleo? ¿Qué países se verán más afectados?
Pividal explica que el objetivo principal es analizar la exposición a la IA a nivel de tareas, no a nivel de denominaciones de puesto de trabajo. El estudio desglosa 923 profesiones en miles de tareas y acciones elementales y evalúa cuáles pueden automatizarse a lo largo de sucesivas fases de desarrollo de la IA.
Aclara que los datos agregados sobre el empleo aún muestran un impacto reducido y que el foco del trabajo está en la exposición técnica, no en la destrucción neta de empleo: explícitamente no predice cuántos puestos desaparecerán, sino dónde surgirán puntos de presión en términos de reasignación de tareas, redistribución y reestructuración de las profesiones.
¿Existe un umbral de automatización que anticipe cambios profundos?
“El estudio define el 30% de las tareas automatizables como un umbral crítico”, afirma. Las profesiones que superan ese nivel probablemente sufrirán una profunda transformación estructural aunque no desaparezcan.
En el escenario principal que denominan agente especial —un sistema de IA que puede lograr un objetivo específico con una supervisión limitada— unas 120 ocupaciones, o el 13% de las 923 estudiadas, ya superan ese umbral.
De ahí el énfasis en la transformación a partir de ese punto: los puestos de trabajo suelen requerir un rediseño de los flujos de trabajo, de las funciones y de la combinación de competencias.
España: 15,2% de tareas en riesgo, por debajo de la media. ¿Por qué?
Pividal subraya que la menor exposición de España se debe a su estructura de empleo, no a una mayor resistencia tecnológica.
En comparación con Reino Unido, Países Bajos o Irlanda —economías especializadas en finanzas, servicios jurídicos, sedes corporativas, tecnologías de información y servicios profesionales— España cuenta con una mayor proporción de trabajadores en comercio minorista y hostelería, construcción, transporte y logística, y servicios personales y de proximidad.
Estos sectores dependen en mayor medida de la presencia física, de habilidades prácticas y de la interacción presencial, situándose sistemáticamente por debajo del rango de exposición a la automatización del 10–15%. Por el contrario, el Reino Unido se acerca al 20% del contenido total de carreras en riesgo, impulsado por una alta concentración de ocupaciones con grandes cantidades de información y funciones de sede central.
¿Actúan hostelería, comercio, transporte y construcción como escudo a corto plazo? Sí, funcionan como amortiguador estructural a corto plazo. Se enmarcan en gran medida en las categorías de tareas de manejo, cuidado y servicios del estudio, donde la exposición suele mantenerse por debajo del 10%.
Sin embargo, una menor exposición en la actualidad no supone necesariamente una ventaja, porque estos sectores suelen ser menos productivos, estar peor remunerados y requerir más mano de obra. Eso puede proteger los puestos de trabajo, pero limita el crecimiento de los ingresos y la capacidad fiscal. En palabras de Pividal: “En otras palabras, la menor exposición de España es protectora pero potencialmente defensiva más que dinámica”.
Competitividad y paradoja de la productividad
En teoría, el estudio deja claro que la IA se centra en profesiones que generan mayor valor añadido, ingresos fiscales y ganancias de productividad en economías avanzadas. Los países con menor exposición, al contar con menos ocupaciones de este tipo, pueden enfrentarse a una paradoja: menos destrucción, pero un acceso más lento al crecimiento de la productividad.
Para España, esto plantea una cuestión de competitividad: si la economía puede crear más empleos cognitivos de alto valor sin exponerse en exceso, o si corre el riesgo de permanecer en segmentos de menor crecimiento.