La idea es del Tesoro francés: crear un impuesto sobre la comida basura en función de su carga de calorías. Y así, combatir el sobrepeso y la obesidad, que tienen un coste económico muy alto para el país. Se trataría, según Les Echos, de incrementar el precio entre un 1% y un 8%, subiendo el tipo de IVA a los productos más perjudiciales para la salud. Una medida que encaja con la cultura gastronómica de un país que mima la calidad y el buen gusto. Pero que choca con la campaña electoral.
Michel Sapin, ministro de finanzas ya lo ha dicho. Ha tachado la propuesta del Tesoro de demasiado compleja. El Tesoro calcula que 30 millones de personas en Francia tienen sobrepeso o directamente son obesos. Un coste anual de 20.400 millones de euros. Pero si se trata de atacar los costes que generan los productos que engordan, ¿qué pasará con el champán y el vino? Son dos productos estrella, en los que el azúcar también pesa.