El nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ha aprovechado el foro anual del BCE con banqueros centrales en Sintra (Portugal) para recalcar la independencia del organismo que dirige. Su mandato comienza muy cuestionado por si cederá a las presiones de Donald Trump en materia de política monetaria y, particularmente, sobre bajar los tipos de interés.

El mensaje de Warsh ha mostrado un tono menos duro sobre las perspectivas de inflación -reconoce que se han moderado- pero en ningún caso dejando la puerta abierta a posibles bajadas de tipos. "Ha sido un discurso equilibrado, pero bastante más hawkish de lo que el mercado esperaba", explica Rafael Ojeda, de Ursus3 Capital.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, también ha rebajado el tono en lo que respecta a las perspectivas de inflación, lo que ha provocado reacciones críticas en el mercado con su decisión de subir las tasas de interés en la última reunión del banco.

Warsh ha defendido que los responsables de política monetaria han dedicado demasiado tiempo a intentar predecir el futuro, con un historial poco fiable. Además, se mostró crítico con las herramientas convencionales de datos que ofrecen las agencias gubernamentales, señalando que "la sabiduría convencional" es su dato menos favorito.

Pese a la expectación, Warsh evitó anticipar la decisión de tipos de la próxima reunión, en línea con su nueva estrategia de comunicación "de baja información" adoptada desde su primera rueda de prensa como presidente.