¿Recuerdan el 15 de septiembre de 2008? Esa fecha quedó grabada en la memoria de muchos como uno de los mayores crash financieros de la historia. Lehman Brothers, gigante de la banca de inversión de EE.UU. se declaraba oficialmente en bancarrota. Un acontecimiento que solamente sería la antesala de una crisis financiera que se expandiría por el mundo.
En los años previos, los bancos ganaban dinero casi tan rápido como lo prestaban. Un parche para solucionar el acceso a la vivienda en el que el crédito se convertía en titulaciones para obtener mayores rendimientos.
Por aquel entonces era tan improbable pensar en un desenlace tan terrible como el ocurrido como ahora imaginarse que los focos de conflictos bélicos, la llamada inflación pegajosa o el boom de la inteligencia artificial pueden acabar de forma similar. Además de todo esto, hay un detonante que preocupa más que ningún otro a los expertos en estos momentos: el mercado del crédito privado.
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La grieta que vigilan los inversores y que podría sacudir los mercados.
En las últimas semanas, los movimientos de grandes firmas de inversión ante las retiradas de inversores en vehículos de crédito privado ha encendido todas las alarmas. Para que se hagan una idea de la situación: BlackRock ha limitado los rescates en uno de sus fondos de crédito privado insignia, JP Morgan ha replicado la estrategia en algunos de sus fondos… y lo mismo con Morgan Stanely o Cliffwater. Todo ello, después de que el fondo de capital riesgo Blue Owl Capital se viera obligado a vender activos por valor de 1.400 millones para gestionar una crisis de liquidez en sus fondos de crédito privado.
La incapacidad de la banca tradicional de asumir tanto crédito financiero para que las compañías inviertan y crezcan con el auge del software y la inteligencia artificial ha obligado a muchas empresas a recurrir a otro tipo de prestamistas. Es aquí donde Javier Domínguez de Auriga Bonos enciende las señales de alarma. "Cuando una empresa se dirige a un fondo de capital riesgo para obtener dinero es que ya ha buscado en todas las opciones de banca tradicional comercial".
¿Qué tienen en común la crisis de 2008 y la situación actual del crédito privado?
Si bien es cierto que son escenarios distintos comparten similitudes. Por ejemplo, el gran volumen de crédito acumulándose fuera de la regulación bancaria tradicional. Si en 2008 los destinatarios de ese dinero eran los consumidores finales, ahora lo son empresas medianas y con riesgo.
Otra similitud es la de la búsqueda de rendimientos más altos, con el dilema de que cuando el dinero es barato, el riesgo aumenta. A pesar de ello, el experto no ve un peligro inminente ante este panorama, "más allá de alguna cucaracha o medusa". De hecho, la interpretación que se extrae de los movimientos de estos grandes bancos y firmas de inversión es más bien de prudencia y una actuación a tiempo.
La gran diferencia es que la crisis de 2008 estaba centrada en el sistema bancario global. El crédito privado se distribuye en fondos y capital institucional, por lo que el contagio podría ser más lento y fácil de controlar.