OpenAI ha vuelto a sacudir el mercado de la inteligencia artificial con el lanzamiento de GPT-6 Astra, un modelo que pretende ir mucho más allá de responder preguntas o generar textos. La compañía asegura que estamos ante un salto generacional en capacidades como programación, investigación científica, ciberseguridad y, sobre todo, uso autónomo del ordenador.

La diferencia puede parecer semántica, pero tiene importantes implicaciones económicas. Hasta ahora, buena parte de la IA funcionaba como una herramienta a la que había que pedir instrucciones y supervisar paso a paso. Astra está diseñado para recibir un objetivo y ejecutar una cadena completa de acciones.

Puede navegar por internet, utilizar aplicaciones, trabajar con documentos y hojas de cálculo, escribir código o realizar procesos profesionales complejos. OpenAI pone ejemplos como la búsqueda de empleo, la preparación de impuestos, la búsqueda de vivienda, el desarrollo de videojuegos o la elaboración de documentos profesionales.

Y hay un dato que ayuda a entender la magnitud del cambio. Según las pruebas publicadas por OpenAI, algunas tareas que antes podían requerir horas de trabajo humano se completan ahora en cuestión de minutos. Es la promesa que persigue toda la industria: que la IA deje de ser únicamente un copiloto y empiece a convertirse en un agente capaz de hacer el trabajo.

La ambición de OpenAI llega incluso más lejos. Greg Brockman, presidente de la compañía, ha presentado Astra como un posible comienzo de la era de la inteligencia artificial general, la AGI. Una afirmación extraordinariamente relevante, aunque conviene recordar que se trata de la interpretación de OpenAI sobre un concepto que todavía no tiene una definición universalmente aceptada.

Pero precisamente cuanto más autónoma es la IA, mayor es el riesgo. Astra es el primer modelo de OpenAI que, según la propia compañía, alcanza su nivel crítico de capacidad en ciberseguridad. Puede detectar vulnerabilidades y realizar operaciones de seguridad informática de enorme complejidad. Por eso algunas de estas capacidades están inicialmente restringidas a usuarios y organizaciones de confianza.

En esta nueva carrera tecnológica, cuanto más capaces son las máquinas de trabajar solas, más difícil puede resultar supervisar exactamente qué están haciendo. OpenAI reconoce precisamente ese desafío y asegura haber reforzado los sistemas de monitorización y seguridad.

Astra llega, además, en un momento de enorme presión competitiva. OpenAI intenta mantener su liderazgo frente a compañías como Anthropic, Google y Meta, mientras el mercado empresarial se convierte en uno de los grandes campos de batalla de la IA.

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