España está experimentando una transformación significativa en su sector turístico impulsada por las producciones audiovisuales y las redes sociales. El caso de Osuna, en Sevilla, resulta paradigmático: esta localidad experimentó un incremento del 50% en su ocupación hotelera el primer año desde que apareció en la serie Juego de Tronos.
Alejandro San Nicolás, experto en economía y profesor de la Universidad Internacional de Valencia, analiza el auge del turismo de pantalla en España y sus consecuencias económicas y sociales.
El turismo de pantalla o cinematográfico no se limita a las series de televisión. Las grandes producciones vienen a España atraídas por importantes beneficios fiscales que, para proyectos que superen el millón de euros, pueden alcanzar una deducción de hasta el 25%
Casos de éxito: cuando la viralización transforma economías locales
El impacto económico del turismo de pantalla es especialmente notable cuando existe mucha demanda, ya que atrae nuevas inversiones. San Nicolás menciona un caso poco conocido pero muy ilustrativo: el Náutico de San Vicente, en la zona de O Grove. "Era un bar de copas pegado a una playa pequeñita en O Grove y desde que Iván Ferreiro decidió publicar en sus redes que tocaba allí en directo, sin avisar, sin entrada, ahora mismo en aquella zona está intocable", relata el experto.
La transformación ha sido espectacular: "La gente se ha dedicado a invertir. Existen conciertos 90 días al año. En verano es imposible encontrar una localización para alojarte. Los campings y hoteles están hasta arriba...Ha habido inversores que han comprado", detalla San Nicolás, quien subraya que se trata de economía real de consumo, ya que cuando la gente va al espectáculo va a pasárselo bien y va a gastar.
Turismofobia: entre la invasión percibida y el beneficio económico
El fenómeno de la turismofobia presenta múltiples facetas que San Nicolás considera necesario separar. Por un lado está la incapacidad de algunos pueblos para asumir toda la gente que llega: "el señor que se estaba tomando su café en el bar del pueblo con sus amigos jugando la partida tranquilamente antes, ahora tiene colas de personas intentando tomar una Coca-Cola".
El experto considera que no se trata solo de turismofobia: "Hay una especie de sentimiento de invasión en todos los sitios donde se puede sacar una foto o una pantalla". Este doble rasero se puede explicar en que, por un lado, supone una inversión económica importante en la ciudad de la que se benefician tanto los comercios como los propios ciudadanos, pero por otro lado tiene consecuencias a largo plazo que en los primeros años son más difíciles de detectar, como la dificultad de acceso a la vivienda debido a los pisos turísticos.
