La historia de Gabriela Blasco Escapa, técnica de Administración General de la rama económica del Ayuntamiento de Madrid, nos cuenta en Empleo Público cómo la economía apareció primero como una intuición infantil y terminó convirtiéndose en una profesión vinculada al servicio público.

“Con mis primeros euros siempre recuerdo decir: tengo cinco euros, a ver qué me puedo comprar, pero si compro esto dejo de comprar aquello otro”, explica. Con el tiempo descubriría que aquellas reflexiones espontáneas sobre decisiones de gasto respondían a conceptos económicos muy concretos. “Luego, cuando estudias, dices: si yo ya estaba planteando conceptos económicos desde bien pequeña”.

Una vocación construida desde la curiosidad

A diferencia de quienes tienen una profesión soñada desde la infancia, Gabriela reconoce que nunca tuvo una vocación cerrada. “Nunca he tenido una vocación de trabajo muy clara. Siempre he sido muy curiosa y me imaginaba dedicándome a casi cualquier cosa”, señala. Precisamente fue esa inquietud permanente la que la llevó a interesarse por la economía cuando llegó el momento de elegir estudios superiores y que fue creciendo como “un interés genuino” a medida que descubría la disciplina y comprendía que muchas de las preguntas que se había hecho desde niña tenían explicación.

El sueño de estudiar en Londres

Durante su etapa universitaria cursó Economía y Administración y Dirección de Empresas, una experiencia que complementó con una estancia en la prestigiosa London School of Economics. “Para mí fue un sueño, sin lugar a dudas”, recuerda. Más allá de la formación académica, aquella experiencia marcó un punto de inflexión personal. “Fue como el inicio de mi vida adulta”, afirma.

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La llegada al campus londinense sigue siendo uno de los recuerdos más vivos de aquella etapa. “Era como pisar un templo literalmente. Veía un campus como los de las películas, gente de todas las nacionalidades y estaba impactada”, rememora.

El impacto de la pandemia en las primeras decisiones laborales

La finalización de sus estudios coincidió con uno de los momentos más complejos de los últimos años: la pandemia y se incorporó a un programa de jóvenes graduados en el sector bancario. “Tomé un poco el primer camino que se me abrió delante”, reconoce.

El descubrimiento de las oposiciones

Su acercamiento al mundo de la función pública llegó tras un proceso de reflexión personal y una búsqueda activa de opciones profesionales. “Empecé literalmente a googlear qué oposiciones podía conocer”, recuerda entre risas. Primero descubrió las oposiciones para economistas del Estado y después fue ampliando la búsqueda hacia el ámbito autonómico y local y así encontró la de técnico de Administración General del Ayuntamiento de Madrid.

La “inconsciencia positiva” como ventaja competitiva

Una de las reflexiones más originales de Gabriela sobre la oposición tiene que ver con lo que ella misma denomina “inconsciencia positiva”. “El desconocimiento me ayudó muchísimo a aprobar”, asegura. Perfeccionista por naturaleza, cree que conocer todos

Gabriela Blasco: "Entrar en la London School of Economics para mí fue un sueño sin lugar a dudas”

Para Gabriela, opositar también ha supuesto una importante evolución personal. “He ganado mucha flexibilidad en mi vida y en todos los aspectos”, afirma. Una transformación que le permitió abandonar la necesidad de controlar permanentemente cada detalle y afrontar los cambios con mayor naturalidad.

Una vocación de servicio que se construye trabajando

Hoy desarrolla su actividad profesional en la Tesorería del Ayuntamiento de Madrid, después de haber pasado por distintos departamentos de la administración municipal.

Curiosamente, la vocación de servicio público tampoco estaba presente desde el principio. Ha sido una convicción que ha ido creciendo con la experiencia profesional.

Opositar también puede ser una experiencia positiva

Al finalizar la entrevista, Gabriela quiso desmontar algunos de los tópicos más habituales asociados a la preparación de oposiciones. “Muchas veces vinculamos opositar con encerrarse en una habitación durante años, pero no necesariamente tiene que ser así”, afirma.

Su experiencia personal fue muy diferente. Estudió en una biblioteca de barrio, compartiendo jornadas con otros opositores, intercambiando materiales y construyendo relaciones personales.

Su consejo para quienes se están planteando iniciar ese camino es sencillo pero contundente: “Que se lancen”. Y, por encima de todo, que cultiven dos cualidades que considera imprescindibles para alcanzar el objetivo: “constancia y disciplina”.