Nvidia ha dado un paso más en su carrera por dominar la infraestructura de la inteligencia artificial. La compañía de semiconductores, que hace apenas unos meses se convirtió en la primera empresa cotizada en superar los cinco billones de dólares de capitalización, ha sellado una alianza con seis de las mayores gestoras de capital privado del mundo —Apollo Global Management, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR— para poner en marcha una serie de plataformas de financiación independientes. La meta declarada es movilizar más de 500.000 millones de dólares en capital de terceros, destinados a levantar las llamadas "fábricas de inteligencia artificial": los enormes centros de datos que sostienen el actual boom tecnológico.
El anuncio, sin embargo, ha dejado más preguntas que certezas. Ni Nvidia ni sus socios financieros han precisado qué proyectos concretos recibirán esta financiación, ni han aclarado si la cifra representa compromisos genuinamente nuevos o la suma de acuerdos ya en marcha. Esa falta de concreción no ha sentado bien en los mercados: el valor de la acción llegó a desplomarse más de un 3% en plena sesión bursátil.
Nvidia, el gran proveedor financiero para la IA
El movimiento se enmarca en una estrategia que Nvidia lleva meses tejiendo con sigilo: la compañía se ha convertido, a la vez, en proveedor y en financiador de sus propios clientes. Negocia actualmente hasta 250.000 millones de dólares para respaldar un gigantesco campus de centros de datos de OpenAI en Ohio, y ha ampliado recientemente su alianza con el grupo surcoreano SK hasta superar también los 500.000 millones. A ello se suman participaciones previas en empresas como OpenAI, Anthropic o Intel.
Ese entramado de inversiones cruzadas ha empezado a inquietar a parte del mercado financiero, que se pregunta si la demanda real de inteligencia artificial es lo bastante sólida como para justificar un despliegue de capital de semejante magnitud.