Elon Musk ha encajado una nueva derrota judicial en su guerra abierta contra OpenAI y Sam Altman. Un jurado federal en Oakland, California, ha desestimado las demandas del fundador de Tesla contra la compañía de inteligencia artificial, al considerar que presentó el caso demasiado tarde. El veredicto pone fin a un juicio de más de tres semanas y elimina uno de los grandes obstáculos legales que pesaban sobre OpenAI antes de una posible salida a Bolsa.

La batalla enfrentaba a dos de los nombres más poderosos de Silicon Valley. Musk acusaba a OpenAI, a Sam Altman y a Greg Brockman de haber traicionado la misión original de la empresa, que pasaba por desarrollar inteligencia artificial en beneficio de la humanidad y no al servicio de intereses comerciales. Sin embargo, el jurado no entró tanto en el debate filosófico sobre el futuro de la IA como en una cuestión clave de calendario. Y es que la demanda había superado el plazo legal para ser presentada.

OpenAI gana aire antes de su posible OPV

La decisión judicial supone una victoria relevante para OpenAI. El fallo despeja un importante obstáculo para una eventual salida a Bolsa que podría valorar la compañía en torno al billón de dólares. Durante el juicio, salieron a la luz tensiones internas, el giro de OpenAI hacia un modelo con ánimo de lucro y el enorme valor acumulado por algunos de sus principales ejecutivos y primeros inversores.

Musk sostenía que fue engañado tras haber aportado decenas de millones de dólares a OpenAI en sus primeros años. La defensa, en cambio, argumentó que el empresario conocía desde hacía tiempo la evolución societaria de la compañía y que su ofensiva judicial estaba marcada también por la rivalidad empresarial, después de que Musk lanzara xAI, su propia compañía de inteligencia artificial.

Una nueva derrota judicial para Elon Musk

El golpe llega en un momento especialmente sensible para Musk, que ya ha sufrido otros reveses en los tribunales, incluidos litigios relacionados con su paquete salarial en Tesla y disputas derivadas de la compra de Twitter. Aunque el empresario también ha ganado batallas legales relevantes, este caso alimenta la imagen de un Musk dispuesto a llevar sus guerras empresariales hasta el final, aunque no siempre consiga convencer a los jueces.

Elon Musk ya ha anunciado que recurrirá. Pero, por ahora, la victoria es de Sam Altman y de OpenAI. La compañía gana margen para seguir creciendo, refuerza su posición ante inversores y deja atrás una amenaza judicial que podía complicar una de las operaciones bursátiles más esperadas del sector tecnológico.

Qué está en juego

Más allá del pleito concreto, el caso resume una de las grandes preguntas de la nueva economía: quién controla la inteligencia artificial y con qué objetivos. OpenAI nació con un discurso de misión pública, pero hoy se ha convertido en una de las empresas más codiciadas del mundo. El jurado no ha resuelto ese dilema. Solo ha cerrado una puerta legal. La batalla por el poder de la IA continúa.