Noche de Champions y noche de negocios que mueven millones. Sí, así es el fútbol moderno, y es que, por mucho dinero que mueva el deporte rey, hay algo que nunca falla: la influencia de un supercrack. Bastan tan solo unos segundos para desmantelar todo un imperio corporativo. Si no, que se lo digan a Cristiano Ronaldo y ahora a su discípulo, también madridista, Kylian Mbappe.
Polémico gesto en la rueda de prensa previa a la Champions del delantero francés que recuerda a cuando CR7 desplazó a Coca-Cola causando pérdidas milmillonarias.
Y es que hay tradiciones que parecen ensayarse en Valdebebas, o mejor dicho, gestos. En la rueda de prensa previa al estreno del Real Madrid en la Champions, que se enfrentará esta noche frente al Inter, el delantero francés desplazó del encuadre una botella de Gatorade. Un deja vu inmediato que a los más futboleros nos ha hecho recordar al aquel “Agua, no Coca-Cola” de Cristiano Ronaldo.
Este gesto de CR7 ocurrió en la rueda de prensa previa al partido de Portugal contra Hungría en la Eurocopa de 2021, y es que aunque para el astro portugués fuese una simple recomendación nutricional, lo cierto es que supuso un terremoto de escala en Wall Street.
El simple deslizamiento de dos botellas de Coca-Cola fuera del plano televisivo coincidió con una caída del 1,6 % en la cotización del gigante de los refrescos, borrando de un plumazo cerca de 4.000 millones de dólares de valor de mercado en cuestión de minutos. El precio de sus acciones pasó de 56,10 a 55,22. Un precio que ya queda lejos de los casi 90 dólares que cuestan ya los títulos de Coca-Cola.
En cambio, lo de Mbappé ayer no parece haber provocado un desplome bursátil inmediato de la matriz de Gatorade, PepsiCo, pero sí responde a un posible acuerdo comercial detrás de su decisión.
El motivo detrás del gesto de Mbappé
Y es que el francés mantiene desde abril de este año un acuerdo con Dongpeng Bushulia, una marca china especializada en bebidas de hidratración y electrolitos, que lo ha convertido en uno de sus embajadores internacionales. El gesto es más que obvio. La marca de la conferencia compite directamente en ese mismo mercado.
Y hay otro motivo que parece también aunar a todos los atletas en el mismo equipo. Porque para entender también el manotazo de Mbappe, hay que viajar doce años atrás a las finales de la NBA de 2014.
Lebron James, entonces jugador del Miami Heat, cayó fuminado por calambres extremos en el primer partido, y Gatorade, patrocinador oficial de la NBA, tiró de sarcasmo y tuiteó que sus bebidas estaban listas en el banquillo, pero que el jugador acalambrado simplemente no consumía su marca.
"La persona acalambrada no es nuestro cliente (en referencia a LeBron James). Nuestros atletas pueden soportar el calor", fue una de las tantas respuestas que hizo el administrador de la cuenta @Gatorade a los usuarios de Twitter.
Unas declaraciones que se volvieron virales en cuestión de minutos, y aunque la marca borró el tuit y pidió perdón, la veda quedó abierta y desde entonces, Lebron empezó a arrancar la etiqueta de Gatorade de las botellas antes de responder a los micrófonos.
Un tuit que pasó a la historia y logró enemistarse con algunos de los jugadores de NBA más famosos del planeta. Klay Thomson, Kawhi Leonard y Stephen Curry también presentaron escenas similares, haciendo gestos de desaprobación hacia el logotipo del rayo.
La rebeldía de la élite contra el patrocinio
CR7 y Lebron, dos referentes que abrieron paso a un sinfín de deportistas que también se atrevieron a desafiar a los patrocinios. Es el caso de Paul Pogba, también en la Euro del 2021, tan solo un dia después del gesto de Cristiano.
El centrocampista francés retiró una botella de cerveza Heineken 0.0 de su vista por convicciones religiosas. Aunque la marca era la versión sin alcohol, el impacto reputacional agitó las redes y obligó a la UEFA a revisar sus protocolos de marca en rueda de prensa.
En una jugada a la inversa pero igual de costosa, en 2012 el astro brasileño Ronaldinho, embajador de Coca-Cola, apareció en una rueda de prensa con su club de entonces bebiendo de una lata de Pepsi, su principal rival. El desliz le costó la rescisión inmediata de su contrato publicitario, estimado en unos 750.000 dólares anuales.
El precedente de la rebeldía comercial, eso sí, lleva el nombre de Michael Jordan, que durante la entrega de la medalla de oro olímpica en las Olimpiadas de Barcelona del 92, el mito del baloncesto tapó el logo de Reebok de su chándal oficial de la selección estadounidense con la bandera de su país para proteger su vínculo vitalicio con Nike.
Lo que está claro es que sea el deporte que sea, los deportistas galácticos no solo controlan sus cifras dentro y fuera del campo, sino también deciden qué productos tienen derecho a compartir su misma estampa.
Esta noche rueda el balón en Chamartín y la afición espera que ese mismo desdén de Mbappe mostrado hacia los patrocinadores incómodos se traduzca en una pegada letal ante la portería rival. La tortuga ya ha apartado la primera piedra del camino, ahora le toca hablar donde los patrocinadores sí quieren verle: en el marcador.