La semana bursátil ha tenido un protagonista inesperado: el mercado de deuda. El fuerte repunte en el precio del crudo y el aumento de las tensiones entre Estados Unidos y Teherán han recordado al mercado que la inflación sigue siendo uno de sus peores enemigos.
El bono estadounidense a diez años se ha mantenido en torno al 4,7%, mientras la rentabilidad del Treasury a 30 años ha llegado a superar el 5,3%, cerca de máximos de varias décadas. El anuncio del Tesoro estadounidense de que duplicará las recompras de deuda de largo plazo provocó un alivio momentáneo, pero insuficiente para cambiar la tendencia de fondo: el mercado sigue exigiendo una prima elevada para prestar dinero a Washington a plazos largos.
Plata y oro: ¿hacia nuevos máximos?
En paralelo, el petróleo ha añadido otra dosis de tensión. El Brent ha encadenado cinco sesiones al alza y se ha movido en torno a los 94 dólares por barril, impulsado por la escalada de las tensiones con Irán y el riesgo para los flujos energéticos en el Golfo y el estrecho de Ormuz.
La paradoja está en los activos refugio. En teoría, unos bonos con rentabilidades tan elevadas deberían ser un obstáculo para el oro y la plata, ya que aumentan el coste de oportunidad de mantener activos sin cupón. No obstante, lo que ha pasado ha sido justo lo contrario; y Marc Ribes, de Blackbirdbank advierte de que "podríamos estar a punto de ver nuevos máximos en estos metales".
Y en esa misma lógica se ha movido el bitcoin. La criptomoneda ha llegado a rozar los 80.000 dólares y acumula una subida semanal superior al 20%, en una de sus mejores semanas desde 2024.